“P. Fr. Jaime Yáñez y el St. Anthony’s Seminary”

Al celebrar el jubileo de la fundación del Seminario y el primer aniversario de la muerte del P. Jaime Yáñez, deseamos recordar algunas de las cosas que él hizo, más que ningún otro fraile por esta casa. Somos conscientes de que el P. Jaime fue un hombre de carne y hueso, que con virtudes y defectos realizó su vida. Para esta ocasión nos interesa fijarnos sobre todo en algunos de sus aspectos buenos como persona y fraile franciscano, de sus errores y limitaciones se ha encargado ya la misericordia divina.

El P. Jaime Yáñez Ledesma, OFM, nació el 16 de Enero de 1924 en Jerécuaro, Gto. México. Fue el mayor de nueve hermanos e hijo de los Sres. José Yáñez y Josefa Ledesma, quienes al bautizarlo le dieron el nombre de Francisco.

Desde su corta edad fue un niño piadoso y con gusto por el saber. En ese entonces, se daba por las noches a la lectura del diario a “la Iuz de una vela” y al cobijo del ambiente familiar.

Su aspiración por “hacer lo que los padres hacían en el altar” le llevó, a los 11 años, a ingresar al Seminario Franciscano Menor de Tarandacuao, Gto., donde por espacio de cuatro años cursó los estudios de la entonces llamada “etapa de Latín”. Durante ese periodo fueron notorios su empeño, su compañerismo y su ya definido gusto por la Historia, la Literatura y el Latín. Entre sus compañeros era conocido como “Panchito”.

Con el hábito de la Orden Franciscana recibió también el nombre de Jaime, el 23 de octubre de 1939 en Coroneo, Gto., donde realizó su noviciado.

Un año más tarde, en Noviembre de 1940 llegó el P. Jaime por primera vez como seminarista a este Seminario, fundado cuatro años antes. Aquí cursó sus estudios de Filosofía y Teología entre 1940 y 1947. Emitió su profesión solemne el 19 de Enero de 1945, y fue ordenado sacerdote el 31 de Mayo de 1947, en la Capilla de este Seminario, por manos del Obispo de El Paso, Mons. Sidney Mattew Metzger.

Ya sacerdote, en Octubre de 1947, fue enviado al Colegio Antoniano de Roma, para hacer estudios de especialización en Historia de la Iglesia, mismos que terminó en 1951 con la presentación de la tesis “Arzobispos de la Arquidiócesis de México en el siglo XVII”.

Después de concluidos sus estudios en Roma, llegó al St. Anthony’s Seminary en el Paso, el año de 1952, nadie le dijo entonces que pasaría en resto de su vida en este Seminario. Además de las actividades propias de un sacerdote, el P. Jaime fue desde entonces profesor de Historia de la Iglesia, y otras materias teológicas.

La vida del P. Jaime estuvo bien caracterizada por su piedad religiosa, su gusto por la literatura, el arte y la vida de convento. Fue un hermano de una mente prodigiosa y de muy buena inteligencia; tenía lo que se puede llamar un “saber enciclopédico”, conocía de muchos temas y los comentaba con soltura y de forma amena.

El P. Jaime era, sobre todo muy fraterno, discreto y comprensivo. En sus tiempos de mayor actividad se distinguió por ser exigente y riguroso, sobre todo en la disciplina, el estudio y la oración. El P. Jorge Rivas, que lo conoció aún siendo niño, desde 1938, escribió sobre él diciendo: “compañero dulce y tratable, circunspecto, sin llegar a la sequedad; callado pero comprensivo; bondadoso y sencillo”.

Como nota particularmente rara o excepcional en la vida de un fraile menor, por una u otra razón, el P. Jaime vivió 57 años consecutivos en este Seminario. Esto fue más bien extraño dado que en la vida de los frailes franciscanos, por voto de obediencia y desapropiación, la itinerancia o cambio de lugar es más bien la regla; cosa que no se dio en el P. Jaime. Con una estancia tan larga, en este Seminario él sirvió en todos los oficios que la obediencia puede dar: Profesor, Maestro de estudiantes, Ecónomo, Guardián, Morador, Capellán. Oficios todos puestos al servicio de la fraternidad de este convento. Su permanencia en esta casa por tantos años dio lugar a que el noventa y ocho por ciento de los casi trescientos frailes que forman la Provincia Franciscana de san Pedro y san Pablo de Michoacán tuvieran contacto con él, le conocieran y pudieran aprender de las muchas virtudes que enriquecían su persona. Estando en esta casa el P. Jaime conoció y trató a Mons. Metzger, Mons. Flores, Mons. Peña, Mons. Ochoa, cuatro de los cinco Obispos que han gobernado la Diócesis de El Paso. Igualmente desde este Seminario, él cooperó y vivió sujeto a la obediencia de nueve Ministros Provinciales que fueron quienes lo mantuvieron en este lugar.

Su preocupación por los hermanos no le impidió estar siempre atento al cuidado de la casa-Seminario, en el aspecto material. De hecho, la huella del P. Jaime, más que la de ningún otro de los muchos Padres que han pasado por este Seminario, ha quedado marcada en esta casa de formación y estudio.

Fue él quien en el año 1963, ante la necesidad que el Seminario tenía para solventar los gastos de mantenimiento y construcción, inició con la realización del Bazar anual. En la sencillez y limitación que en ese momento tuvo, tal actividad ha llegado a ser hasta la fecha de grande ayuda al sostenimiento de esta casa. Fue también esa la ocasión de que mucha gente, amigos y bienhechores del Seminario se acercaran y trabajaran para su bien. Fue el P. Jaime el contacto por el que mucha gente buena y generosa hasta el día de hoy apoya y ayuda a este Seminario.

El gusto por el arte y la cultura que personalmente tenía el P. Jaime se ven reflejados en el Seminario. Él amaba la buena música, y dejó en esta casa una muy variada discoteca, o colección de discos, todos ellos ahora ya de colección. Discos de vinil o también conocidos como LP (long play), que van desde las grandes piezas de los genios universales de la música, pasando por la música regional mexicana, hasta llegar a la música popular de moda en su momento; es una riqueza cultural de este Seminario heredada por el P. Jaime.

Además de la música, el P. Yáñez amaba la pintura, como expresión de la belleza y bondad del ser humano. Ese amor por esta rama del arte le llevó a adquirir para el Seminario una basta colección de cuadros que, de diferente calidad, tamaño y estilo, forman en esta casa una colección de más de trescientas obras. El P. Jaime gustaba en este rubro más bien del arte de estilo clásico. Además, el tema de las pinturas que él dejó es muy variado, se encuentran bodegones, otoñales, marinas, paisajes, retratos, florales, y es abundante el tema religioso, particularmente franciscano. El valor de las pinturas varía, algunas de ellas realizadas por pintores renombrados como Pedro Cruz, Manuel Acosta o María Muñoz, otras de menor renombre pero de muy significativa calidad y belleza.

El espíritu franciscano que animaba su vida lo expresaba el P. Jaime de muchas maneras, su calidad de trato y la obediencia fiel y pronta a la Iglesia y a los Superiores fueron bien conocidas. Los detalles de cortesía y respeto por sus hermanos de hábito son aún recordados. La vida de oración y entrega a las cosas de Dios fueron igualmente admiradas e imitadas. Pero también tenía sus muy particulares expresiones de destellos franciscanos, por ejemplo en el amor y cuidado por los animales y por la naturaleza. La preocupación y dedicación a las plantas que adornan la casa la sostuvo hasta que sus posibilidades físicas se vieron limitadas.

Fue el P. Jaime, como sacerdote franciscano, una lucesita con la que Dios quiso iluminarnos; Él tuvo a bien llamarlo a su presencia el día 18 de Noviembre del 2009, nosotros ahora lo recordamos con cariño aquí en su Seminario.v

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