5o. Domingo de Cuaresma

Los textos de este domingo nos dicen que Dios no puede ser confinado en el pasado. La vida espiritual se conjuga al presente, vuelta hacia el futuro. No es una mirada atrás: “no os acordéis más de otro tiempo, no soñéis más con el pasado. Ya hago una mundo nuevo: ¿ya germina, no lo veis?” (Cf. 1a lectura, Isaías 43). Dios no nos encierra en una memoria nostálgica, por muy bella que pueda ser. ¿Por qué? Porque es un Dios creador, porque hace siempre algo nuevo y porque nos invita a cooperar en su obra de creación en nosotros y alrededor de nosotros: le confía al hombre la responsabilidad de nombrar a los animales y de gobernar como buen gerente la creación que le confía. Y esta responsabilidad tiene que asumirse siempre al presente con vistas al futuro.

Isaías dice “No recuerden lo pasado ni piensen en lo antiguo”… Pero al mismo tiempo, no cesa de recordar el pasado: “El Señor hizo un camino a través del mar, una senda en medio de las aguas poderosas, puso en campaña carros y caballos, tropas y guerreros poderosos; y he aquí acostados para no levantarse más, se apagaron, se consumieron como una mecha. “Es, por supuesto, un recordatorio del Éxodo. Pero este recordatorio del pasado tiene sólo un fin: tener confianza en el futuro; sobreentendido “lo que Dios hizo una vez, lo rehará”: “sí, voy a hacer pasar un camino en el desierto, ríos en los lugares áridos. “Como hizo pasar su pueblo a través del mar a pie seco en el momento de la salida de Egipto, tenemos confianza: hará pasar a su pueblo “a pie seco” a través de todas las aguas fangosas de su historia.

Hacer memoria, es hacer presente por un acto de memoria la acción pasada del Señor en hoy de mi vida. No es reencontrarse encerrado en un pasado que desde entonces puede sólo ser estéril.

La esperanza de Israel, debe ser la misma para nosotros, se apoya siempre en su pasado: es el sentido de la palabra “memorial”; hacemos memoria de la obra de Dios desde siempre, para descubrir que esta obra de Dios continúa para nosotros hoy, y sacar de eso la certeza que continuará mañana. Pasado, Presente, Futuro: Dios está presente para siempre al lado de su pueblo. Es por otra parte uno de los sentidos del Nombre de Dios “Yo soy” (sobreentendido, “Yo estoy con ustedes en toda circunstancia).

Así, si Dios nos invita a volver sobre el pasado, es para comprobar su fidelidad e invitarnos a poner nuestra confianza en él hoy como ayer, a no tener miedo del ahora o del mañana porque nuestro Dios es fiel y porque si él estuvo con nosotros ayer, lo estará hoy y mañana. Porque Él mismo no puede contradecirse.

En la predicación de los profetas, la invitación a hacer memoria de las obras de Dios en nuestra vida tiene también otro fin: desviar el pueblo de los ídolos, los dioses falsos. Sólo Dios salva, jamás habrá que olvidarlo. Un poco más arriba, Isaías dice: “Soy yo el Señor, fuera de mí, no hay ningún Salvador. Soy yo quien anuncia y da la salvación, Yo soy el que lo he anunciado y no un dios extranjero.” (Is 43, 11). ¡Si Isaías estima oportuno afirmar que solo Dios es Dios, es porque la tentación de la idolatría todavía existía!

Los profetas compararon a menudo las tentaciones de idolatría del pueblo con un adulterio, una infidelidad, y es aquí donde la aproximación entre la primera lectura y el evangelio de la mujer adúltera es interesante. Esta mujer es prisionera de su pasado, de su pecado. Es encerrada en su pasado por la imagen de un dios que la tiene bajo el yugo de la culpabilidad. San Juan da valor a esto diciendo que esa mujer, después de la salida de sus acusadores, se queda “en medio” del círculo que formaban y que entonces parecía claramente como el círculo de su culpabilidad.

Jesús no va a acusarla. Va a interrogarla. “¿Mujer, nadie te ha condenado?” Jesús pues no la invita a una vuelta mórbida sobre un pasado que le aplasta y le encierra en la soledad, sino a un acto de la verdad y de la apertura confiada que permite al perdón cumplir su obra abriendo en su corazón un espacio de nueva creación a la filiación herida. Jesús la invita a dar una respuesta que va a permitirle, hacia el futuro, comprometerse de otro modo: “no, nadie Señor”. “Ve, y en adelante no peques más”. Esto no es del laxismo. Jesús dice “no peques más”. No todo es permitido. El pecado queda condenado, pero sólo el perdón puede permitirle al pecador ir más lejos.

Si el dios falso de la mujer adúltera es su culpabilidad, descubrimos que los fariseos también son prisioneros de un dios falso: su concepción de la Ley. Podríamos, en efecto, traducirles la respuesta de Jesús a los acusadores de esta mujer con estas palabras: “esta mujer es culpable de adulterio, en el primer sentido del término, se entiende; ¿pero ustedes, no están cometiendo un adulterio de otro modo más grave queriendo lapidarla? ¿No están mostrándose infieles con el Dios de la Alianza? ¿La ley no se habrá hecho su ídolo?”

Muy a menudo, los profetas hablaron de la idolatría en términos de adulterio. Entonces faltar a la misericordia, es ser infiel al Dios de misericordia. Los fariseos y los escribas querían sinceramente ser los hijos de Dios, incluidos los que acusaban a esta mujer. Entonces Jesús les dice “no se engañen de Dios, sean misericordiosos”. Sobre esta respuesta, se van, “uno tras otro, comenzando con los de más edad”. Nada asombroso: los más antiguos son los más preparados para oír la llamada a la misericordia. Tantas veces, ellos mismos experimentaron la misericordia de Dios… Tantas veces, leyeron, cantaron, meditaron la frase “Dios de ternura y de piedad, lento a la cólera y lleno de amor” (Ex 34, 6), tantas veces cantaron el salmo 51 (50) “Piedad para mí, Señor, en tu bondad, en tu gran misericordia borra mi pecado”… Jesús, el Verbo, acaba de cumplir entre ellos su misión de Revelación.

Traducción: Fr. Mauro Muñoz OFM

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