“ Iconografía Guadalupana del St. Anthony’s Seminary”

Después de la solemnidad de Navidad, la celebración más significativa para nosotros durante el mes de Diciembre es sin duda la fiesta de la Virgen de Guadalupe. Consideramos por eso oportuno presentar aquí un escrito del P. Jaime a propósito de la iconografía guadalupana que guarda el Seminario.

En ese escrito el P. Jaime anotó algunas noticias históricas y anecdóticas sobre el valor de nueve imágenes de la Virgen de Guadalupe que se guardan en este Seminario. Ahora reportamos las notas referentes a cinco de esas imágenes:

1. La Guadalupana coronada.


“Iniciaré mi intervención con las jaculatorias queretanas: ‘Sagrado Corazón de Jesús…’ ‘Santa María de Guadalupe…’

Sepan cuantos han cruzado el umbral de esta casa de Estudios, para permanecer en ellas más o menos tiempo, lo que significa para este Seminario esta gran imagen de la Virgen de Guadalupe.

Está ella aquí porque Santa María de Guadalupe es la Reina jurada y coronada de esta seráfica Institución, escogida desde un principio para que velara sobre ella, para que nos tuviera como cosa suya.
Nuestros fundadores, P. Provincial Gabriel M. Soto, P. Raymundo García, P. Buenaventura Tovar, tuvieron la convicción de que la Virgen del Tepeyac sería la mejor inspiradora y maestra de los que aquí vinieran tanto a enseñar y educar, como a estudiar y prepararse para ser sacerdotes de su Hijo, el verdadero Dios por quien se vive.

Esta Imagen de tamaño natural, pintada al oleo, que representa con bastante fidelidad a la de la sagrada tilma, vino de la Basílica del Tepeyac. El P. Raymundo nos refirió que cuando recibió la obediencia para dirigirse a esta Ciudad de El Paso a ser uno de los fundadores del Seminario, y primer Maestro de Coristas, fue a la Basílica de Guadalupe en México, para despedirse de la Virgen, y encomendarse a Ella.

Después de estar algún tiempo en oración, tuvo la idea de pasar a la sacristía para saludar al Sacristán mayor, que era un sacerdote pariente suyo. Al encontrar a éste, le informó de que estaba por salir de México, para iniciar en breve en esta Ciudad fronteriza, con otros religiosos, la casa de Estudios de los franciscanos de Michoacán.
Al oír esto, el tal sacerdote, Sacristán mayor, llevó al P. Raymundo a un local, anexo a la Sacristía, en que, entre otras cosas, había varias pinturas enrolladas, todas ellas de la Virgen de Guadalupe, ejecutadas por el pintor oficial de la Basílica, quien firmaba F. Flores. Esas pinturas estaban destinadas al culto guadalupano de las iglesias, para las cuales fueron adquiridas.

El Sacristán mayor tomó una, y sin demandar pago alguno, se la entregó al P. Raymundo para que fuera venerada en esta Ciudad, y concretamente en el futuro Seminario. Algunas semanas después esa pintura de la Virgen de Guadalupe, que es esta que aquí tenemos, simplemente desenrollada, pues no tenía aún marco, presidió la inauguración de este Seminario; en la media noche entre los años 1935 y 1936. El acto, comenzado a la hora en que se daban las doce de la noche, iniciándose el año 1936, tuvo lugar en el salón de fiestas de esta la casa McNary, convertido entonces en Capilla hasta el día de hoy. Según la relación de un testigo presencial, el P. Raúl Vera, entonces corista filósofo, el acto consistió principalmente en un Te Deum de acción de gracias. Allí se encontraba el P. Provincial Gabriel M. Soto y la primera comunidad, cuatro sacerdotes, dos hermanos laicos y seis coristas.

Después que se puso a la pintura de la Virgen de Guadalupe el fino marco, que aún tiene, fue colocada en el altar central de la Capilla, sobre el Sagrario. Allí adornada con cierta variedad de cortinajes estuvo diez años, hasta el año 1946, en que se adquirió el altar de estuco blanco, que aún tenemos, y que ya no dejó lugar para que siguiera allí el cuadro de la Virgen. Entonces se colocó éste a un lado, donde está actualmente la imagen de la Virgen de El Pueblito, y después en el gran ventanal que da al corredor adyacente. Allí se veía muy bien. Bien parecía que la Virgen presidía la Capilla aunque estuviera en un lugar lateral. Allí se mantuvo por varios años, hasta que por el 1965 el P. Provincial de entonces, Fr. David Retana, ordenó que se prestara nuestra Guadalupana a la Parroquia de Guadalupe, mientras se conseguía para esa Parroquia una pintura apropiada.

Pasábanse los años, y nuestra Guadalupana seguía en la iglesia de Guadalupe. Temiendo yo que la prestada prescribiese, y nuestra pintura se quedara allí por siempre, le apuré al Párroco, P. Jorge Rivas, para que se apresurara a conseguir la Guadalupana para su Parroquia, a fin de tornarnos la nuestra. A penas la trajimos a tiempo, pues los feligreses de allí habían comenzado a tenerle como suya propia; la tuvieron por diez años.
Cuando nuestra Guadalupana volvió al Seminario, por 1975, fue colocada en el llamado “corredor rojo” del edificio nuevo como sitio muy apropiado para sentirla entre nosotros, tomando parte de nuestra vida. Allí la hemos tenido desde entonces como la Reina y Madre de nuestro Seminario. Fue por ello que al cumplirse 50 años de la fundación de esta casa de estudios, pensamos, como acto principal de los festejos, en coronarla con coronación episcopal. Y en efecto, el 2 de Abril de 1986, Mons. Raymundo Peña, Obispo entonces de esta Diócesis de El Paso, acompañado de nuestro Provincial Fr. Gustavo Ramos, colocó sobre la imagen de nuestra Guadalupana la corona de plata dorada, que desde entonces ostenta. El acto tuvo lugar en el estacionamiento, durante una Misa pontifical, estando presentes los Obispos de Celaya y Casa Grandes, los Provinciales franciscanos de México, numerosos frailes de la Provincia y un buen número de fieles.

Cosa significativa: la corona se fabricó en San Miguel de Allende, México, con la plata recogida de los conventos de nuestra Provincia, para indicar que tomaban parte en la coronación, los sacerdotes egresados de este Seminario, que ya entonces era una gran mayoría de nuestro personal.

A raíz de la coronación el Capítulo local dispuso que cada día 12 de mes, al bajar de la Misa al comedor, se cantase la Salve Regina ante la imagen de la Virgen coronada, una Salve que es alabanza, y también es petición: vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos.

También la coronación dio lugar a que para que se sostuviese la corona, se realizóse un especie de retablo de hierro forjado en que está como engastado el cuadro de la Guadalupana; el modelo para ello fue la ilustración de un portón de hierro forjado de estilo barroco francés. Quien lo fabricó fue el Señor Eudelio Reyes (Lalo Reyes) que sólo pidió dinero para los materiales, el trabajo fue una ofrenda a la Virgen.
Es así como aquí tenemos a la Virgen de N. S. de Guadalupe, que estuvo presente en la fundación de este Seminario. Su corona pregona su realeza sobre nuestra casa de estudios. Siendo Reina y Madre, la sentimos como metida en nuestra vida. Yo creo que no pocos de los religiosos, movidos por su piedad, al verla le rinden el vasallaje de su corazón… y vasallaje cordial es la Salve que aquí se canta: “Salve Regina, Mater misericordiae, vita, dulcedo, spes nostra, Salve…” La gran Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe”.

2. La Guadalupana de una pintora poblana.
Esta pequeña imagen de N.S. de Guadalupe, pintada al oleo, está inspirada en un cromo de la Virgen mexicana de factura italiana, que se difundió mucho en México en las primeras décadas de este siglo (XX). No se apegaba mucho el tal cromo a las facciones y al colorido de la imagen auténtica, pero mostraba un bello rostro de Madonna y un vivo colorido de vestidura.
De este cromo se valió la artista poblana Ana María Muñoz, ahora septuagenaria y de mucho prestigio en Puebla, para realizar nuestra Guadalupana, allá por el año 1962. reprodujo el modelo con bastante fidelidad, pero acentuó la gracia del rostro y embelleció el colorido de la túnica y el manto, a la vez que hizo más resplandecientes los rayos que rodean a la Virgen. Sobre todo el azul del manto ha parecido extraordinario a personas que saben de pintura. Es curioso que esta imagen hayan querido comprárnosla al menos cinco personas en diferentes épocas. Cortésmente me he negado a venderla: la considero una pequeña joya de nuestra casa.

4. La Guadalupana pintada por un protestante.


Es la que desde 1975 se encuentra en nuestra Capilla. La realidad es que fue pintada propiamente para estar ahí, a fin de sustituir un cuadro de la Guadalupana estampada en cartulina. El Seminario fue fundado en la Capilla, y ante la imagen de la Virgen de Guadalupe, es por eso que esta Imagen nunca debe faltar en ese recinto sacro.

Para realizar esta imagen recurrí a un buen pintor retratista que tenía su estudio en Art Center Gallery de El Paso. Se apellidaba French, nombre con el que firmaba sus obras; procedía de Boston y era protestante. Temí que no se prestara a hacerme una copia de N.S. de Guadalupe, dada la aversión de los protestantes al culto de la Virgen y a sus imágenes; pero al ver una fiel reproducción de la imagen del ayate, y al escuchar los datos sobre su milagroso origen se entusiasmó y aceptó el trabajo, quedándose con esa reproducción para usarla como modelo. Un mes después tenía la pintura hecha, la cual puesta en un precioso marco dorado, fue colocada primero en la parte superior central del ventanal lateral de la Capilla, y allí mismo fue bendecida.

French, a decir verdad, se apartó algún tanto del modelo, más por hacer algo original suyo que por falta de destreza. Más aun así su Guadalupana resultó muy agraciada, con facciones de mexicana delicada y fina, con una tez ligeramente apiñonada, con un colorido de túnica y manto suavizado por las tonalidades opalescentes. Se nota que el artista se esmeró en pintarla. Esa es pues la imagen de la Virgen de Guadalupe de nuestra Capilla, obra de un protestante.

3. La Imagen guadalupana de Rogelio Reyes.


Este joven artista, cuando aún estudiaba pintura, pintó al oleo para obsequiárnosla una imagen de la Virgen del Tepeyac de tamaño mediano.
Se trata de una buena reproducción de la Virgen de Guadalupe que deja entrever el original del Tepeyac. Si alguna rudeza de rasgos se puede notar en el rostro, creo que se debe a haber acentuado las facciones indígenas ; pero aun así la tez aparece luminosa. La expresión ciertamente es devota, y el colorido del ropaje, de tonos brillantes, trae a la mente los de la imagen original.

5. La ampliación de una Guadalupana grabada al “agua fuerte”.
Una admirable ampliación de un grabado “al agua fuerte” que representa a la Virgen de Guadalupe, nos fue obsequiada por el P. Aranda, profesor de liturgia.

Esta imagen, grandemente amplificada, procede de un pequeño original del siglo pasado realizado en Italia, el cual, de acuerdo con la técnica del agua fuerte, fue dibujado con un punzón en una pequeña placa de acero recubierta de cera. Donde se grabaron los rasgos del dibujo, allí se removió la cera dejando al decubierto el metal, el mismo que quedó afectado al bañarse la placa encerada con el agua fuerte, que es ácido nítrico ligeramente diluido.
En esta amplificación de la imagen gudalupana se puede apreciar la delicadeza de los rasgos del grabado original, indudablemente obra de un grabador muy diestro, a la vez que sorprende la técnica con que se logró amplificar con tanta claridad un grbado de pocos centímetros de superficie. Esta imagen es a una sola tinta, como es lo ordinario en esta clase de trabajos, siendo su color el negro, que contrasta con el blanco de la superficie.

El rostro de la Virgen morena aparece singularmente bello en esta reproducción de su imagen, mas es hermosa en la representación de toda su persona, como es hermoso el ángel que la lleva sobre sí”.

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