Fr. Pedro Sílis



Si la hermana muerte no nos hubiera arrebatado al P, Míguel Parra, quien sufrió una larga y muy penosa enfermedad tolerada con verdadera paciencia,, in¬dudablemente hubiera sido reelecto; pero como Dios N.S. en sus planes divinos habla dispuesto otra cosa, fue nombrado como Guardián un simpático, paciente y bondadoso sacerdote que respondía al nombre de Pedro Sílis. Nada mal pareci¬do y con muy buena edad para encargarse del Seminario, comenzó a regir los des¬tinos de nuestra Institución e inmediatamente este joven sacerdote se ganó a – todos los estudiantes -en primer lugar porque era manifiesta su paciencia y des¬pués por su comprensión con los que nos íbamos preparando al sacerdocio y sabía cómo disipar las dudas que a veces teníamos sobre nuestra vocación. De hecho, sa¬biendo que el P, Pedro era un padre y un hermano, recurríamos a él sin temor – porque estaba siempre dispuesto a escuchar los problemas que para nosotros eran del otro mundo; pero para e1 P. Pedro con 1a experiencia que poseía eran cosa – simple y con solo recibirnos con ánimo festivo nos resolvía el asunto aún antes de tratárselo, saliendo de su cuarto con un optimismo tal que nos sentíamos ca¬paces de ir a convertir sarracenos et omnis genus gentium ejusdem furfuris.

Como profesor, el Padre Pedro, fue estimadísimo pues sus clases siempre lleva¬ron el sello de la amenidad y nunca nos fastidiaron. Por otra parte una característica muy peculiar del P. Pedro era su humildad, como quiera que cuando surgía alguna discusión en la clase y se inclinaba la razón en favor del estudian¬te aceptaba los argumentos y con gusto cedía a la inteligencia de sus discípu¬los a quienes nos animaba a continuar así “de vivillos desde chiquillos”.

Siendo profesor de Teología Ascética y Mística, de Moral y Derecho, cierta¬mente nos enseñó todo tan derecho que creo que solamente fuimos chuecos los que quisimos serlo.

Podría contar muchas anécdotas sabrosísimas de nuestro P. Pedro, pero creo que es mejor dejar en suspenso las cosas y quedarnos con la curiosidad para que algún verdadero cronista o biógrafo lo haga mejor.

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