Jueves Santo

La segunda lectura de la liturgia de este jueves santo nos presenta la institución de la Eucaristía, la interpretación del Evangelio del lavatorio de los pies nos la da Jesús mismo.

Toda la vida de Jesús tiende hacia la “Hora” en la cual no será más que aquel del que se dispone. Sin embargo Jesús no vive su pasión pasivamente: se trata de una pasividad deliberadamente consentida y escogida, y aclara su sentido instituyendo la Eucaristía en la cual anticipa su Pascua. Ninguno dispondría de él, si él mismo no se nos hubiera entregado en esta disponibilidad total: “esto es mi cuerpo entregado por vosotros” (Lc 22, 19)”; “esto es mi sangre vertida por la multitud Mc 14, 24)”. Es Jesús, consciente y deliberadamente, quien se entrega, aunque es Judas que le traiciona ante los Judíos, y son los Sacerdotes y los Escribas los que le entregan a Pilato, y que es Pilato que le entrega a la muerte: “no tendrías sobre mí ningún poder si no fuiste dado de arriba”.

El gesto de oblación eucarística es fundamental, precisamente porque es cronológicamente anterior al acontecimiento violento de la Pasión. Jesús no es crucificado por desgracia; no es la víctima pasiva de un complot religioso: es al contrario porque él dispone de todo, porque puede decidir en su plena libertad, dejar disponer de él: “ninguno toma mi vida: soy yo quien la doy”. Es este don gratuito, es decir el amor con el cual se entrega, el que da al acontecimiento cruel de mi Pasión tener un valor salvífico universal.

En el Evangelio del lavatorio de los pies, Nuestro Señor aclara lo que significa este abandono activo, prefigurado en la Eucaristía: toma la iniciativa, deja su ropa -nadie se la arranca- y cuando sabe “que el Padre le puso todo entre las manos”, dispone pues de todas las cosas, lejos de usar de su poder para dominar, toma deliberadamente el lugar del esclavo y lava los pies de los convidados. El esclavo debía normalmente prestar este servicio considerado como humillante a principios de la comida. Situándolo en el curso de la comida, Jesús quiere significar claramente que cumple un rito, mucho más: un gesto sacramental, por el cual interpreta la ofrenda de su Pasión, y nos da un ejemplo a seguir. Interpreta en efecto su Pasión aclarando que la pasividad voluntariamente consentida es eminentemente activa de hecho, ya que conduce a la purificación de los pecadores: “Si no te lavo, no tendrás en absoluto parte conmigo”. Jesús es a la vez el Sumo Sacerdote y la víctima del sacrificio que nos reconcilia de una vez para siempre con Dios su Padre, que se hace también nuestro Padre.

Este gesto también nos da un ejemplo a seguir: “pues si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Es un ejemplo que les di con el fin de que usted también hagan, como hice con ustedes”. En el momento de entrar en su Pasión, como última enseñanza que prefigura el desarrollo de los acontecimientos, Jesús nos da el ejemplo del estilo de vida que espera de sus discípulos: una comunidad en la cual reina no la carrera al poder, sino el estímulo al servicio, no la búsqueda de los primeros sitios y de los honores, sino del último sitio y de la humilde modestia.

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