Novenario a San Antonio

DIA 2

Predicador del Evangelio


Es este el rostro del Santo, un rostro conocido y por siempre nuevo: predicador y testigo del evangelio, signo de Cristo y presencia suya para la salvación del mundo. Porque este es el don, el carisma propio de San Antonio.
Él fue un gran predicador de la Palabra de Dios y su empeño constante, incansable, fue no solo el anuncio sino particularmente la aplicación de la palabra a la vida de los hombres. Dios confirmó con numerosos prodigios la palabra del Santo, como para mostrar que su predicación era un eco fiel de la única palabra de salvación, casi una continuación de la palabra evangélica.
También para nosotros cristianos de hoy, el recuerdo del santo perdura en la Iglesia como una nueva y siempre verdadera actualización del evangelio: los pobres y los infelices que acuden, los enfermos y pecadores que buscan la palabra que devuelve la vida.
El “prefacio” de la misa en honor del santo contiene esta bella y densa expresión:

“enviándolo en medio a tu pueblo,
Predicador del evangelio y apóstol de paz,
Tú has querido, oh Dios,
que él fuera sostén de los humildes,
para realizar el mensaje evangélico
de justicia, de verdad y de amor”.

El papa Juan Pablo II, en el discurso del 12 de septiembre de 1982, en ocasión de la peregrinación a la basílica del Santo, ha hecho un bosquejo de la figura de San Antonio: “la gente acude de todas partes y se apretuja en torno a San Antonio, atraída por una fascinación irresistible. ¿Cuál es la razón? El estudio de su vida nos convence de que tal razón debe buscarse en la fidelidad absoluta con la cual anunció el evangelio y en la coherencia valiente con la cual se esforzó por encarnar las enseñanzas”.

San Antonio supo aplicar el evangelio a la vida. Él se dedicó al ministerio de la predicación con pasión y amor a fin de que la vida de los hombres de su tiempo pudiese abrirse a acoger la luz y la gracia del evangelio.

El Santo ha llevado a la pobre gente de su tiempo el evangelio: el evangelio que pertenece a los hombres pobres. Ha llevado un evangelio “vivo”, porque el evangelio es la palabra viva de Cristo, pero vivo porque es atestiguado por su vida evangélica y proclamado por su ardiente caridad.

 

De los escritos de San Antonio

Es un grande signo de predestinación el escuchar voluntariamente la Palabra de Dios. Como el desterrado, el cual busca y escucha con placer las noticias provenientes de su tierra, demuestra amar a su tierra; así se puede decir que tenga el corazón vuelto al cielo, el cristiano que escucha con interés quien le habla de la patria celestial.

“Hoy son los pobres, los simples, los humildes que tienen sed de la palabra de vida y del agua de la sabiduría. ¡Al contrario, los mundanos, que se embriagan con el cáliz de oro del vicio, los conocidos, los consejeros de los potentes, creédmelo! No se dejan anunciar el mensaje divino”.

“Justamente la predicación se puede llamar una música. La música es de tal naturaleza, que se encuentra un ánimo en tristeza, lo hace todavía más triste, y si lo encuentra alegre, lo hace más alegre.

Del mismo modo la predicación, mordiendo el vicio, inquieta y fastidia a los malvados, agrega con los remordimientos nueva tristeza a la que ya tienen los pecadores siempre molestos; al contrario, hace más felices y justos a los que gozan de tranquilidad de conciencia y de consolación del espíritu”.

“Cristo dice: “yo soy la Verdad”. Quien predica la verdad, afirma a Cristo; quien calla la verdad, reniega a Cristo. Pero la verdad provoca el odio; y por tanto hay algunos que, por no incurrir en el odio de algunos, se tapan la boca con el silencio”.

 

Puntos de reflexión

– El evangelio es Jesús: esta es la afirmación característica de Marcos: Jesús con su vida, con su misma pasión es el evangelio. Jesús en cuanto hijo de Dios. Creer al evangelio es creer a Jesús; convertirse es entrar en la salvación, que es Jesús mismo.

Sin duda, el evangelio es el mensaje de Jesús, el sentido profundo de aquella noticia que él trae al mundo por voluntad de Dios. Jesús es el mensajero de Dios, pero no trae solo una buena noticia: la atestiguará con su sangre. Él dará la su vida por el hombre.

Como mensajero, Jesús se convierte así en el mensaje; de evangelista en evangelio. Por esto sus palabras, como sus obras son mensaje.

La invitación a creer en el evangelio es, por tanto, invitación a tomar posición no sólo ante las palabras y obras de Jesús, sino ante él mismo, a verlo como revelación de Dios en el mundo, a descubrir en sus acciones la promesa de la gloria futura.

Nuestra existencia hoy, se ha hecho particularmente dura y complicada. Son en verdad tantos los motivos de incerteza, casi de desconfianza, que nos pierden… Algunas veces estamos tentados a cerrarnos en nosotros mismos, para no pensar más en nada y en ninguno.

Si queremos ser cristianos auténticos, debemos vivir con entereza y fidelidad al evangelio: la única palabra que salva. Pero tenemos que ser humildes y leales buscadores de la verdad, para ayudar a los hombres a abrir el corazón al evangelio.

San Antonio ha vivido, ha operado en un tiempo muy duro, y por muchos aspectos semejante al nuestro. Por dondequiera que pasó no solo predicó sino que realizó la paz, la concordia, el amor: en las conciencias, en las familias, en las ciudades.

Él pudo hacer esto, porque vivió profundamente el amor de Dios y dio testimonio fiel del evangelio de Cristo.

 

Invocaciones

Dios eterno y misericordioso, te presentamos nuestra oración. También nosotros pedimos tu misericordia en el nombre de Jesucristo y por intercesión de San Antonio hermano nuestro.

Ayúdanos a reconocerte, Padre de misericordia, en el rostro de cada hombre hecho a tu imagen y semejanza: oremos. Escúchanos Señor.

Haz que tu palabra de salvación sea siempre para nosotros el alimento, la luz, la vida, el signo de tu presencia: oremos. Escúchanos Señor.

Haznos disponibles a tus designios y a tu voluntad, seguros de que solo en ti encontramos la plena realización: oremos. Escúchanos Señor.
Confórtanos con tu presencia y con el don de tu Espíritu, para que en todo lugar seamos tus testigos: oremos. Escúchanos Señor.

Oh Señor, tú has constituido a San Antonio predicador y testigo del evangelio; haz que él nos ayude a confrontarnos lealmente con tu palabra, para ser signo y realización para nuestros hermanos. Amén.

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