Novenario a San Antonio

DIA 5

A favor de los oprimidos

Una de las razones más profundas de la vitalidad del culto antoniano probablemente se encuentre en la orientación “social” del apostolado desarrollado por el santo con heroica dedicación.
Avaricia, sensualidad, soberbia, son desgraciadamente vicios de todos los siglos, de cada generación; pero en el siglo XIII tuvieron singulares manifestaciones. Contra ellas, san Antonio realizó una lucha vivaz y continua. A estos tres vicios los llamaba frecuentemente “trinomio maldito”. Aproximadamente 70 años más tarde, los mismos vicios ofrecieron materia de altísima poesía a Dante Alighieri, el cual –como ya nuestro santo- comparó a la sociedad de los malvados a una “selva salvaje”, infestada de las fieras de la avaricia, de la soberbia y de la lujuria.
El santo de Padua, noble y rico por origen, pero hecho pobre por elección, en la escuela del evangelio y del Pobrecillo de Asís, aprendió su predilección por los humildes. De hecho se refiere continuamente, cuando proclama la justicia y exhorta a la caridad con los pobres. Pobres que con sentida y finísima caridad sobrenatural, él llama “los pobres de Cristo”, y “los hermanos de Cristo pobre”.
Describiendo la acción social ejercitada por San Antonio, el autor de la Vita Prima tiene esta página: “reconducía a la paz fraterna a los que estaban en discordia; devolvía la libertad a aquellos que habían estado prisioneros; hacia devolver lo que había sido quitado con la usura o con la violencia. Se llegó a tanto que, habiendo hipotecado casas o terrenos, se ponía el precio a los pies de él, y por su consejo cuanto había sido quitado era restituido rembolsando el valor o suplicando la condonación. Aún las mujeres perdidas eran llamadas a dejar su impiedad y los ladrones famosos eran exhortados a no apoderarse de las cosas de otros”.
El episodio más famoso de su valentía (vivamente colorido por la fantasía popular) es el encuentro del santo con Ezzelino III da Romano en Verona. Se acercó, ya enfermo y cansado, para invocar la liberación de prisioneros güelfos. No logró obtener nada del feroz tirano; pero el éxito, al menos por entonces negativo, no disminuyó su merito y su sacrificio, tan sufrido que quizá aceleró la muerte.
El gran maestro de teología Juan de la Rochelle, muerto pocos años después del santo, en 1245 escribió: “nosotros no hemos oído a nuestro tiempo un consolador tan dulce de los pobres como San Antonio, ni un tan áspero contestador de los potentes”.

De los escritos de San Antonio

“¡Oh corazón de piedra, que no te mueves a compasión del prójimo, que estás hecho de la misma carne! Tienes el aire para decir: ¿quién es este nuestro hermano, del cual debemos ocuparnos? Tú eres como Nabal, que negó un poco de alimento a David y a sus hombres, prorrumpiendo inclusive en grandes injurias: “¿Quién es este David? Deberé por tanto, tomar mi pan, mi agua, la carne de mis amigos para darla a hombres que no conozco y no sé de donde vienen?” Pero acuérdate que como se lee en la -Sagrada Escritura- el corazón de Nabal se convirtió con esto en corazón de piedra”.

“¡Miserable el hombre que se cubre la cabeza con la nube de las riquezas, casi para tener refrigerio! Mientras él se cubre con tal nube, se priva del conocimiento y del reconocimiento de Dios; porque las cosas temporales desgraciadamente hacen olvidar a Dios. Los soberbios y los avaros arrojan a la inmundicia las riquezas la fe de Cristo y la gracia del bautismo, buscando las cosas temporales. El amasar riquezas sólo es amargura, la cual genera tribulaciones y dolor”.

“La amargura de la pasión de Cristo cura la ceguera de la lujuria. Un sabio ha dicho que la memoria del Crucifijo crucifica el vicio…La momentánea delectación de la carne debe sumergirse en la amargura de la pasión de Cristo. Por tanto, toma tu carne, que tan afectuosamente nutre e inmólala a Dios”.

Puntos de reflexión.

La caridad es el “vínculo de la perfección”. Como luz que aclara todo y a todo da sabor, la cridad da la forma a todas las virtudes cristianas.
En la caridad adquiere sentido convincente la pobreza evangélica. El Señor Jesús se hizo pobre de rico que era, para enriquecer a los hombres con su vida de amor. La caridad se abre a todo el hombre con su vida de amor. La caridad se abre a todo el hombre, y en consecuencia no se pude separar nunca de la justicia y de su obra de promoción. “Para instaurar una vida política verdaderamente humana, no hay nada mejor que cultivar el sentido interior de la justicia, del amor y del servicio al bien común, y reforzar las convicciones fundamentales sobre la verdadera naturaleza de la comunidad política y sobre su fin, sobre el legítimo ejercicio y sobre los límites de competencia de los poderes públicos”.
“La libertad del Espíritu Santo, que está a la raíz del amor cristiano, hace de la caridad una de las tantas leyes que regulan nuestro comportamiento, la ley suprema, que está sobre toda norma particular y junto a la fuerza interior que la anima, el criterio para todas las decisiones.
“Sobre todo hoy urge la obligación de que nos convirtamos generosamente en prójimos unos de todo hombre y sirvamos con los hechos a aquél que pasa a nuestro lado, anciano, abandonado de todos o trabajador extranjero injustamente despreciado, emigrante o hijo de una unión ilegítima, que sufre inmerecidamente por un pecado que no cometió o hambriento que llama a nuestra conciencia, evocando la voz del Señor “cuanto habéis hecho a uno de estos mis hermanos más pequeños, lo habéis hecho a mí”.

Invocaciones

Oh Señor, la certeza de que nuestra vida está envuelta por tu infinito amor sea para nosotros un compromiso para comunicar a todos los hermanos el amor que recibimos.

Tú quieres que todos los hombres sean salvados. Haz que nuestra vida sea un testimonio vivo de fe en tu paternidad: oremos. Escúchanos Señor.

Haznos hombre de justicia y de caridad, capaces de ayudarnos los unos a los otros: oremos. Escúchanos Señor.

Da a todos el pan necesario para cada día: oremos. Escúchanos Señor.

Quieres que los cristianos busquen sobre todo el reino de Dios. Danos la fuerza para renunciar a cualquier cosa que nos impida la decisión incondicional por el evangelio: oremos. Escúchanos Señor.

El ejemplo de San Antonio pobre y defensor de los pobres nos anime a luchar por la promoción humana de todos nuestros hermanos, animados sólo por sentimientos de paz y amor fraterno. Amén.

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