Novenario a San Antonio

DIA 6

El Taumaturgo

Milagro del recién nacido

Proclamado santo después de sólo once meses de su muerte (caso único en la historia), una lluvia de milagros y de gracias comenzó a derramarse sobre el mundo por intercesión suya.

San Antonio es conocido y amado como “el santo de los milagros”, porque las gracias y prodigios obtenidos por su intercesión son innumerables. Entre los más notables, algunos han sido representados en los altorrelieves, que en la basílica, adornan la capilla de la tumba y por tanto son bien conocidos por los devotos.
Frecuentemente muchas personas recurren a él sólo para pedirle gracias que son importantes para ellos. Ciertamente el santo no desprecia estas súplicas llenas de sufrimiento, de sinceridad e inclusive hasta de ingenuidad. Sin duda él está cerca para asistirnos en todas nuestras necesidades materiales, pero antes que nada y sobre todo nos ayuda en las necesidades espirituales, mucho más urgentes y profundas que las otras.
La pregunta que tantas veces nos hacemos, nos compromete a reflexionar aún más: ¿Qué cosa es la devoción al Santo? ¿Cuáles son las motivaciones que la justifican y la hacen legítima?
Antes que nada, es necesario tener presente que millones de personas, dispersas por todo el mundo: en Europa, América, en las jóvenes iglesias de África y de Asia, se muestran ligadas a San Antonio con una devoción profunda, que no conoce el desvanecimiento. La basílica del Santo, en Padua, es punto de encuentro de una infinidad de personas que buscan y encuentran una reanimación constante de su vida cristiana. Y se trata de personas de toda extracción social, no siempre creyentes y frecuentemente aunque desconfiadas y no dispuestas a fáciles entusiasmos. No es raro que estas personas salgan de la basílica profundamente sacudidas y transformadas.
De frente a este fenómeno antoniano, que dura ya algunos siglos, debemos recordar un principio eclesial, es decir que el pueblo de Dios es movido y animado perennemente por el Espíritu Santo y que existe una sabiduría cristiana, fruto de esta animación de lo alto, que no puede ser medida con el metro de la sabiduría humana.
Ha dicho Jesús en el evangelio: “por los frutos se conoce el árbol”. Si la devoción a San Antonio conduce a una intensificación de la vida cristiana: de la fe, de la esperanza, de la caridad, no debemos escandalizarnos de los caminos de Dios, sino buscar humildemente el conocerle y seguirle.
En la simplicidad con la cual los devotos del santo se acercan a él, reciben el espíritu y escuchan las enseñanzas, encontramos un grande ejemplo de apertura a las realidades sobrenaturales, que es percibida de corazón y con la disponibilidad que es propia de los pobres y de los humildes.

De los escritos de San Antonio

“He aquí que el sol es fuente de calor y de luz. Si bien, como de su fuente, así de los testigos de Cristo deben brotar vida y doctrina en beneficio de los otros. Sea ardiente de caridad la vida, sea clara la doctrina.
…Del calor de Dios, que iluminando vivifica, tiene inmensa y urgente necesidad nuestro mundo, que por no haber conocido la redención o haberla rechazado, continúa sufriendo. Está enfermo, pero no encuentra remedio a sus males; está angustiado, porque experimenta la inutilidad de los bienes terrenos, pero no sabe esperar en los eternos; está atemorizado e impotente, mientras el demonio lo golpea sin piedad y lo arrastra a la perdición, pero no sabe desvincularse de las cadenas que él se ha puesto alrededor”.
“El Señor recomienda la perseverancia en la oración cuando dice: “pedid y os será dado”.
Los que viven según el mundo piden sin demora las cosas terrenas y por último las eternas. Deberían, por el contrario, comenzar por las del cielo, donde está nuestro tesoro y donde debería estar nuestro corazón: la que debería ser nuestra petición… Buscad por tanto y encontraréis. “Buscad al Señor vosotros todos, pobres de la tierra, que seguid sus órdenes; buscad la justicia, buscad la humildad, para encontraros al reparo en el día de la ira del Señor”, dice le profeta Sofonías. Y el profeta Amós: “buscad al Señor y viviréis”.

Puntos de reflexión

Los santos, en su auténtico amor, son “signo” de la iglesia, “confederación de la caridad” como la llamaba san Ignacio de Antioquía. Ellos representan la más verdadera historia de la Iglesia, escrita con palabras vivas, actuada en todos los tiempos y lugares y tomando los protagonistas de todos los pueblos y de todas las razas. Ahora bien, esta historia también nos involucra a todos nosotros en una misteriosa pero real comunión de caridad que une tierra y cielo.
Porque son de todos los pueblos y de todas las condiciones de vida, se interesan y oran por la salvación de toda la humanidad, para que forme la “familia” que es “amada por Dios y Cristo hermano”.

Otra indicación nos viene de los santos: es la conciencia de ser constituidos parte de un pueblo, miembros de un organismo recorrido por una inmensa y misteriosa linfa vital, participes de la alianza nueva y eterna y de la obra redentora de Cristo en el mundo.

“¿Qué vale la vida, sin no es para ser dada?”, dice uno de los personajes del ‘Anuncio a María’ de Paúl Claudel. La idea de darse, de la solidaridad, es hoy particularmente importante. Pero es necesaria la clara conciencia de que la realización del don de sí se ha hecho posible solo por gracia de Dios.
Desde el momento del bautismo, todo lo nuestro es objetivamente puesto en esta comunión. La vida cristiana es una realización de este “hecho”.
Uno de los escritos cristianos más antiguos y venerables es llamado Didaché (en griego(. Contiene esta expresión simple y por tanto instructiva: “buscad cada día el rostro de los santos y sacad el consuelo de sus discursos”. Queda sólo la necesidad de conocerlos, de seguirlos, tenerlos como compañeros de viaje.

Invocaciones

Dirijamos a Dios nuestra oración confiada, para que vele sobre nosotros, paternalmente nos proteja y nos defienda de todo mal. Por la intercesión de San Antonio, que él ha puesto en medio al pueblo cristiano como maestro de vida santa y predicador del evangelio.

Para que cada uno de nosotros se deje renovar continuamente por la gracia de Dios: oremos. Escúchanos Señor.

Para que en todas nuestras familias reine siempre la salud, la concordia y la paz: oremos. Escúchanos Señor.

Para que nuestros hijos vivan una vida pura y serena; sean protegidos del mal; sepan reconocer siempre y cumplir la verdad y el amor hacia todos: oremos. Escúchanos Señor.

Para que nuestros enfermos sean confortados en sus sufrimientos y tengan la fuerza de un cristiano y confiado abandono a la santa voluntad de Dios: oremos. Escúchanos Señor.

Oh Dios, bueno y misericordioso, concede a nosotros tus hijos la salud del alma y del cuerpo y por intercesión de San Antonio líbranos de los males de la vida presente y guíanos a la salvación eterna. Amén.

Comments are closed