R.P. Raymundo García

Este incansable y bajito sacerdote, tan eficaz y concentrado como las vita¬minas, fue Párroco de la iglesia de nuestra Señora de Guadalupe aquí en El Paso antes de recibir la Guardianía de este Convento.

Acabo de decir que era como una vitamina, pero tengo que añadir que más bien era una cápsula atómica, porque cuando llegó como Superior a este Seminario en¬tró causando estragos; pues mal acostumbrados como estábamos los estudiantes al trato delicado del P. Pedro, la severidad del P. Raymundo nos sacó de órbita y nos traía a la greña en todo, pero como que se propuso cargarnos la mano en todo lo relacionado con el trabajo manual. Esto no quiere decir que no nos apreta¬ra muchísimo en la observancia de la vida religiosa que nos la exigía, se puede decir, porque así lo exigían los métodos represivos de la época; aunque hay que reconocerlo, que todo lo hacían por nuestro bien.

Recuerdo como el P. Raymundo en su afán de disciplina echó mano de un sacerdote (ciertamente franciscano) de origen anglo que sin comprender nuestra menta¬lidad latina formaron dos fuerzas mancomunadas hasta hacernos pedir paz.

Hombre probo, ejemplar en la observancia y en el trabajo, se propuso for¬marnos a su imagen y semejanza, labor que sí ha de haber logrado en algunos es¬tudiantes, aunque no en todos, por aquello de que no todos estamos hechos de la misma pasta; pero vuelvo a repetir que una cosa sí fue cierta y es que a muchos nos hizo pensar si servíamos para franciscanos o no.

Voy a narrarles una anécdota del tiempo del P. Raymundo un tanto chusca: bien, pues resulta que nuestro Padre Raymundo entre una de las tantas cosas que intro¬dujo en el Seminario, se le ocurrió para que observáramos la pobreza, que la ropa interior debía ser común, para lo cual mandó confeccionarla en tres medidas: para altos, medianos y chicos; nada más que no contó con la distracción o la, malicia del que nos distribuía la ropa cada semana, porque muchas veces a los chapa¬rros nos tocaba la ropa de los altos y parcelamos gauchos, así como a los de mayor estatura que se ponían ropa que no les venía parcelan fundas de paraguas.

Creo no haber hecho injuria al decir esto del P. Raymundo, porque vuelvo a repetirlo de que fue un hombre convencido y, por tanto, consciente de hacernos un bien: quiso formarnos para la vida, quiso que como soldados estuviéramos suficientemente prevenidos contra el peor enemigo de la vida religiosa que es el egoísmo, porque eso de ser franciscano para llevar un modus vivendi, no cuajaba con sus ideas. Por lo que ve a su observancia religiosa, creo que hasta ahora seguimos admirándola en el P. Raymundo.

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