Tiempo de Adviento 3° Domingo

16 de diciembre de 2012

Queridos hermanos:

Al acercarse el final de este tiempo de preparación para el nacimiento de nuestro Señor, es necesario preguntarnos cada uno de nosotros cristianos, ¿qué hemos hecho durante ese tiempo para preparar nuestro corazón? Durante los domingos anteriores hemos entonado cantos diciendo: ¡Ven, Señor! ¡Cielos, envíen al Santo! En todas esas palabras hacemos una invitación para que el Señor se hospede en cada uno de nosotros.

Todavía hoy hemos escuchado: ¿Qué podemos hacer?, en Juan, al anunciar la venida de nuestro Salvador, encontramos recomendaciones muy sencillas, muy prácticas para preparar nuestros caminos, pero no es el camino por donde Él llegará, será el camino por donde cada uno de nosotros saldrá a su encuentro Él ya viene, pues me ama y está dispuesto a encontrarme por su amor, ahora me corresponde a mi como cristiano, ¿qué puedo hacer yo para salir a su encuentro?

La espera de que se nos habla no es una espera estática, como el sentarnos para que alguien venga por nosotros, que venga por mí. Si le hemos invitado, nos alistamos para preparar la casa, limpiar, hacer arreglos, comida como de fiesta, adornos, perfumarnos, y sobre todo estar prevenidos para el momento de su llegada. Ahora, es momento de ver, ¿cómo estoy preparando una morada, para la llegada de mi Salvador?

Cuando se acercan estos hombres a preguntarle a Juan el Bautista el responde con dos actitudes concretas: solidaridad y justicia, solidaridad no se trata de hacer programas de ayuda o de organizar programas asistenciales, se trata de un ‘compartir’ a diario, tenemos casi todo un año para compartir con nuestros familiares, ¿qué podemos compartir?, amor, nuestro aprecio; en cuantas ocasiones buscamos fuera de nuestros hogares sin reconocer que mis padres, mis hermanos, los hijos, también necesitan de que yo comparta mis bienes con ellos, empezando con los bienes que hay dentro de mi. Sin olvidar sobre todo a los más necesitados.

Justicia, no hace aquí referencia tanto como acostumbramos a llevar la ley a su cumplimiento, de que tú me la haces, tú me la pagas, la antigua ley de ‘ojo por ojo’; aquí en el texto, recomienda Juan, «no pedir más de lo establecido», «no extorsionar». Entonces podemos ver que la justicia se trata de hacerle el reconocimiento que se merece el otro dándole gracias por sus buenas acciones, por las tareas cotidianas que realiza cada uno en el trabajo, la casa, la escuela; no se nos va a exigir más de lo establecido, pues porque yo estoy haciendo lo que me corresponde, me estoy preparando para su llegada con estas acciones muy sencillas.

Cuando se refiere a «no extorsionar», sin querer ofender a nadie, cuántas ocasiones nuestra relación está basada en el chantaje: sí haces esto, yo te puedo brindar tal o cual cosa, si tú me quieres, yo también te quiero, entonces nuestras acciones se vuelven interesadas. Recordemos que el amor es libre, desinteresado.

¿Qué podemos hacer? El Señor viene a reunir y a separar, yo en qué parte quiero estar, entre el trigo o entre la paja. ¿Quiero ser uno de sus escogidos? O simplemente contentarme con estar entre toda la paja.

Fr. Guillermo Trinidad Pons Rodríguez, OFM

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