Desde la Oficina del Consejo del Cuidado Pastoral de las Vocaciones

La Espiritualidad del Promotor Vocacional
Algunas ideas formativas

Teniendo en cuenta que todos somos formadores y promotores vocacionales, y queriendo motivar desde nuestra labor, proponemos las siguientes ideas:

Idea primera. El animador vocacional, llámesele acompañante, promotor o algo parecido, ha de identificarse, en primer lugar, con su forma de vida. Nada de Ser una cosa y Hacer otra. Si estamos divididos no podremos llevar el kerigma vocacional y no podremos acompañar en los procesos vocacionales a quienes lo necesitan. De manera que, en resumidas cuentas, tenemos que ser auténticos, que nuestro Ser corresponda a nuestro quehacer. O somos frailes franciscanos o no lo somos. Diría san Juan en la primera Carta o somos hijos de la Luz o somos hijos de las tinieblas.

Idea segunda. El animador y acompañante vocacional busque tener un encuentro más íntimo y personal con Dios de otra manera en su trabajo vocacional hará lo que quiera o lo que se le ocurra hacer y no la voluntad de Dios quien es quien lo ha llamado a esta forma de vida y también a lanzar las redes, porque aunque no crean no los eligió ni el Consejo de vocaciones ni el Provincial. Volviendo al tema, de manera que, en otras palabras, tenemos que ser hombres de oración. Recordemos a Jesús que tomaba fuerzas en la oración y por este medio tomaba las mejores decisiones, por eso hacía la voluntad de su Padre.

Idea tercera. El animador vocacional busque transmitir su experiencia de llamado a los jóvenes y hágalo con el mismo ardor con el que fue llamado hace años, cuando quería abrazar esta forma de vida franciscana. De manera que sería bueno recogernos en el silencio, delante del Señor, delante del Sagrario, y traer a nuestra memoria nuestra historia vocacional, sin la tentación “bíblica” de brincarnos etapas por aquello de “esto ya me lo se”. Meditemos en el silencio cómo el Señor en un momento particular de nuestra vida nos llamó (porque aunque no nos hayamos dado cuenta fue él quien lo hizo) y lo hizo con santa llamada, aún cuando nosotros de pronto le hayamos quitado la santidad. Felicidades, por cierto, a quien han incrementado esa gracia.

Idea cuarta. No olvidemos que los jóvenes son llamados sea para la vida matrimonial como para la vida de soltería, también para la religiosa o sacerdotal. Por ello hemos de animarlos y acompañarlos para descubrir su vocación en la vida, no solo a los que nos conviene para la vida religiosa-sacerdotal. No se trata solamente de “llevar agua a nuestro molino” sino más bien de ayudar al joven y el resto se nos dará por añadidura, ya lo dice Jesús en la Sagrada escritura.

Todo lo que hagamos por nuestros jóvenes es un bien que les hacemos a ellos, sí, pero también se lo hacemos a nuestra Iglesia y a nuestra Sociedad, por ello Empecemos, hermanos, porque hasta ahora poco o nada hemos hecho (San Francisco de Asís).

Consejo del cuidado pastoral de las vocaciones

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