Domingo de Ramos

01 de abril de 2012

Hermanos, estamos celebrando el domingo de Ramos, con esta celebración estamos dando inicio  a la Semana Santa, al misterio de nuestra salvación. Hoy con esta celebración en la que hemos proclamado a Jesucristo como nuestro Rey, como el Hijo de David, a quien Dios le heredará el trono para siempre; así como lo hemos proclamado, así también hay que tenerlo en nuestro corazón, que él sea nuestro Rey, quien nos guíe hacia el Padre celestial, para eso tenemos que estar preparados, como Él se preparó en el desierto, para eso tuvimos estos cuarenta días, a los que llamamos cuaresma.

Hoy el Evangelio, que es la narración de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Marcos, nos invita a contemplar cómo el Hijo se sometió a la voluntad del Padre, pues a pesar de que el sabía que también era Dios no se aferró a ese privilegio, pues el tenía su misión la cual, era salvar al hombre y al mundo entero a precio de su sangre, de su muerte en la cruz.

Hermanos, estemos preparados para celebrar la Semana Santa, estemos atentos a los actos litúrgicos, en los cuales se encierra el misterio de nuestra fe, en  ellos Nuestro Señor Jesucristo nos enseña, su humildad para lavar los pies de los discípulos, la obediencia al Padre al someter su voluntad humana a la divina, y sobre todo, entregar su vida por todos los hombres.

 Hermanos, si no hemos aprovechado estos cuarenta días en que la Iglesia nos invita a volver al Padre, a alejarnos de todo mal, a dejar nuestra vida de vicio, dejar de estar en pecado, no dejemos pasar estos días como si nada ocurriera, aún en estos días a los que llamamos santos, hay que aprovecharlos para reflexionar sobre nuestras vidas, y preguntémonos, ¿qué es lo que estoy haciendo con mi vida? ¿Esto es lo que Dios quiere de mí? ¿Cómo le correspondo a Dios por el gran amor que me tiene, hasta el punto de darnos a su Hijo para salvarnos de todas nuestras impurezas, y hacernos sus hijos?

 Hermanos preparémonos para la semana santa, para vivirla lo más intensamente que podamos, para entender ese amor que nos tiene Dios, pues dice el Evangelio; tanto amo Dios al mundo que le entrego a su único Hijo, y tú ¿darías la vida por tu familia, tu mejor amigo o por Él?

Fr. Mario Alberto Quezada, OFM

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