Novena a San Francisco-Día segundo

Día segundo
FRANCISCO, EL ENCUENTRO CON EL LEPROSO

Hemos escuchado en el evangelio de Lucas, el relato de un leproso que va y le pide a Jesús que lo sane, diciéndole ‘si tú quieres puedes limpiarme’, a lo que Jesús responde, ‘sí quiero’, recordemos que en aquel tiempo una persona leprosa era una persona impura, repudiada por la sociedad, era un pecador, por lo que se puede decir que Jesús le da el perdón de sus pecados, por eso Jesús agrega: ‘ve y presenta la ofrenda, como signo de tu purificación tal y como lo mandó Moisés.’

En el relato de la leyenda de los tres compañeros, hemos escuchado como Francisco les tenía repugnancia, asco, sin embargo, cuando estaba en oración, escucha esa vos que le dice: ‘Francisco si quieres saber mi voluntad tendrás que abandonar todo lo que para ti es suave y dulce, y todo lo que te es amargo te será dulce’, a partir de aquí Francisco, comienza a cambiar, pues el relato nos dice que un día iba en su caballo y vio pasar a un leproso y se violentó interiormente y bajo de su caballo para darle limosna al leproso y darle un beso en la mano.

Francisco logra esto gracias a la oración, esta oración le ayudo a él a profundizar en sí mismo, vencer sus miedos, sus angustias, sus defectos, todo esto que podríamos decir lo veía en los leprosos, por la oración y gracia de Dios él vence todos sus miedos, sus angustias, sus defectos y puede ver en el leproso a su amigo, pero no sólo su amigo, sino su hermano, pero sobre todo que en el leproso encuentra a Cristo pobre y humilde, el Cristo sufriente, esto es lo que le ayuda para estar más cerca de Dios y de su prójimo.

De aquí la frase ‘todo lo que me parecía amargo ahora es dulzura’ esta amargura no es una amargura de sabor, sino una amargura del alma, porque no soportaba ver cómo se le caía la carne a una persona enferma de lepra, o cómo he dicho una persona en pecado, pues así también se consideraba a los leprosos, o marginados de la sociedad, Francisco al vencer esto es porque ya está en ese proceso de conversión a Dios por eso la amargura del alma se le convierte en dulzura del corazón, pues ya se ha vencido a sí mismo y se a puesto en manos del Señor.

Hermanos, así como Francisco de Asís profundizó en su interior y sacó todo lo bueno que Dios le dio, así nosotros como hermanos en Cristo Jesús, pero también hermanos todos los que nos decimos franciscanos, debemos de interiorizar en nosotros, ver qué es lo que nos hace falta para estar en paz, primero conmigo mismo para poder dar lo mejor de mí a mis hermanos, y a todos aquellos que me rodean y no hacer distinción, diciendo: éste me cae bien y este otro no.

Como franciscanos que decimos ser debemos de seguir el ejemplo de nuestro Padre Francisco para poder llegar a ser como cristo y estar en su presencia en la eternidad, que así sea.

Fr. Mario Alberto Quezada Espinoza, OFM.

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