Novena a San Francisco-Día cuarto

Día Cuarto
FRANCISCO ANTE EL PAPA Y LA APROBACIÓN DE LA FORMA DE VIDA

Queridos hermanos en el Señor Jesús, en estos días que hemos puesto los ojos en el Pobrecillo de Asís, hemos descubierto no sólo aspectos esenciales de la vida franciscana, sino también que aún nos falta conocer a Francisco. Y es precisamente la razón por la que nos encontramos aquí tratando de descubrir por medio de estas reflexiones, cómo es que él en la cotidianidad de la vida descubre y atiende a la llamada de Dios, seguimiento que hace radicalmente.

El día de hoy se nos propone reflexionar sobre el momento en que Francisco pide al Papa la aprobación de la regla que había escrito para él y para sus hermanos.

Es, pues, el inicio de la gran aventura del franciscanismo, vamos a decirlo, de una forma legal; recordemos que en ese tiempo había impostores que iban por el mundo engañando y aprovechándose de la gente, es por eso que Francisco, con sus compañeros, deciden ir con el Papa para que con su bendición y aprobación pudieran ir por el mundo predicando el Evangelio sin ningún problema. Como ya escuchamos la lectura de Celano, el querer tener no sólo la bendición sino también la aprobación de parte del Papa Inocencio, no fue algo sencillo, pues le decía él, que lo que pedía “sobrepasaba las fuerzas normales”.

Y es que lo que pedía el pobrecillo de Asís era vivir el Santo Evangelio, cosa que hasta el momento él y sus seguidores habían hecho. Confiado Francisco en la oración, pide a Dios, como se lo ha mandado el Papa, para que les de acierto a los prelados y tomar una decisión, según Dios, acerca de la petición del santo.

Enseguida Celano nos presenta una bellísima historia, que no podemos dejar a un lado, se trata de una bellísima visión que tuvo nuestro Padre Francisco, que Dios le concede al orar devotamente, pidiendo el deseo de ser bendecidos por el Papa. Esa hermosa comparación de la mujer pobre, refiriéndose a Francisco; el rey que se enamora de esa mujer pobre, que se refiere a Jesucristo mismo que se enamora de Francisco por ver en él tal belleza que hay en él. Y el fruto naciente de ese amor, sus hijos graciosísimos, recordemos aquí a tantos hombres y mujeres, religiosos y laicos que han hecho de Orden un faro esplendente, una descendencia de hombres pobres hijos de un Gran Rey, y que han visto la pobreza no como una desgracia sino como una riqueza digna de desearla y vivirla.

Ahora bien algo que hay que resaltar, y no por ello menos importante de lo anterior, es ese sentimiento de pertenencia de Francisco a la Iglesia, ese amor por estar sujeto, siempre, a los pies de la Santa madre Iglesia, hecho que se refleja en el consejo evangélico de la Obediencia.

En esta ocasión quiero proponer tres puntos, que en lo personal me parecen importantes y que reflejan todo un sentido al momento que Francisco pide al Papa su aprobación, la obediencia a la iglesia, la obediencia mutua y la obediencia a los superiores.

La obediencia a la iglesia: primeramente este hecho es ponerse a los pies de la Iglesia. Habla aquí de una humildad grandísima, pero sobre todo de pertenencia y entendimiento del don recibido por Dios, que como sabemos la respuesta a este don no es para uno sino para los demás, cosa que Francisco descubrió puntualmente. Francisco con esta acción de entrega total a la Iglesia manifiesta la exclusión del egoísmo, mal que impide la caridad y la donación.

Por medio de la obediencia Francisco se da profundamente, dona toda su persona y con él toda la Orden naciente. Confía profundamente que en la obediencia se manifiesta la vida fraterna, se desenvuelve la espiritualidad franciscana y sobre todo la voluntad de Dios en medio de la Iglesia.

Como sabemos Francisco, antes de la petición al Papa, vivía ya confiando en Dios, su actitud siempre disponible y una gran fe ante Dios, aspectos que marcan grandemente la comprensión de estar sujetos a Dios y a su voluntad. Francisco capta muy bien lo que quiere decir donarse, obediencia, confía en que Dios habla por medio de toda la creación y que por medio de ella Dios manifiesta su voluntad.

La obediencia, recordemos, se da impulsada por la fe, y al igual que Jesús que vivió sujeto a la voluntad del Padre, así los menores, por la fe, con Francisco a la cabeza queriendo hacer vida esta enseñanza de Cristo, piden al señor Papa su aprobación para ir por todo el mundo dando testimonio de la fe en Jesucristo.

Por otro lado, la obediencia mutua, sin esta no llegaríamos a comprender plenamente el significado de la obediencia franciscana sin tener en cuenta un aspecto muy querido para Francisco, al que llamamos Fraternidad, que también se manifiesta en esta petición primera al Papa. Y es que si nos ponemos a analizar la realidad en nuestras fraternidades, hermanos frailes, hermanos terciarios y porqué no también los amigos de Francisco, al momento de entrar a la Orden, por voluntad propia, y querer acoger en nuestra persona este carisma, nos donamos totalmente, permitimos al otro que tome parte en nuestra vida que se manifiesta en la palabra obedecer.

Hay entonces un vínculo entre obediencia y fraternidad, que es lo que ofrece el franciscanismos, que al final de ello tiende a la perfecta caridad. Para ilustrar un poco esto, Francisco en los opúsculos nos manifiesta lo siguiente: “La santa obediencia confunde todos los quereres corporales y carnales; y mantiene mortificado su cuerpo para obedecer al espíritu y para obedecer a su hermano, y lo sujeta y somete a todos los hombres que hay en el mundo; y no sólo a los hombres, sino aún a todas las bestias y fieras, para que, en cuanto el Señor se lo permita desde lo alto, pueda hacer de él lo que quieran”.

La obediencia pues para nosotros en la fraternidad ha de tender constantemente a la caridad, que permite el perfeccionamiento de uno y de la misma fraternidad.

Y por último la Obediencia a los superiores, la vida de la Orden, dígase los Hermanos Menores, las Hermanas Pobres, y los Hermanos Seglares, está envuelta en los consejos evangélicos, Pobreza, Castidad y Obediencia, y para poder velar por ello no basta nuestra atención a ello, es por ello que queriendo salvaguardar este punto, Francisco toma la palabra de Guardianes, es decir, aquellas personas en que recae la responsabilidad de la vida fraterna, recordándoles siempre que no por ello quieran ser servidos sino que deben ser los primeros servidores de la fraternidad. Por voluntad nos acogemos a la obediencia de estos hermanos y que en el caminar nos impulsan a tender cada vez más a la perfecta caridad.

Queridos hermanos, hermanas, amigos, de Francisco, ahora la pregunta es ¿y todo esto qué?; y una posible respuesta es que la obediencia, como vemos, es una donación constante de sí mismo y por voluntad propia al otro a los otros, y al OTRO; sí, también a mi maestro, sí a mi ministro, como hijo a mis padres, a su esposo, a su esposa, es decir, no es exclusivo de la vida religiosa, es una actitud que nace de la fe y de la confianza en Dios, que como cristianos estamos llamados a alcanzar.

Descubramos hermanos a Dios en todo cuanto nos rodea para poder cantar como él, ¡Loado seas mi Señor, por todas tus creaturas! Y también, poder hacer nuestro esa petición que hace al Papa, y querer siempre una vida evangélica, viviendo en obediencia, sin nada propio y en castidad, según nuestro estilo de vida.
Quiera Dios que así sea.

Fr. Juan Alejandro Gutiérrez Licea, OFM

Contáctanos en:
stanthonysseminary@hotmail.com

Comments are closed