Novena a San Francisco-Día quinto

Día Quinto
LA LOCURA DE SALIR AL ENCUENTRO DEL MUNDO CON LA POBREZA Y CON LA ALEGRÍA

Creo que después de Jesucristo, la figura más conocida de la Iglesia Católica es San Francisco de Asís. Conocido y apreciado no solamente dentro del Cristianismo: también otras personas de otra fe, o sin ninguna fe, encuentran un valor en este hombre.

Muchos siglos atrás, desde el siglo trece cuando él vivió, la figura de San Francisco ha tenido gran impacto en mucha gente. Y desde un principio, una esas personas fue una jovencita, llamada Clara.

Ella pertenecía, como Francisco, a una familia de gente acomoda, gente acostumbrada a llevar cuentas: “¿Qué gano y qué pierdo? ¿Cuánto invierto y qué es lo que me va a tocar?”

Por eso entendemos que la familia de Francisco y especialmente su papá, que era el jefe de ese modelo económico en Asís, sentía que la ira le recorría por las venas cuando Francisco empezó con todas estas ideas de tanta religiosidad, tanta alabanza al Señor y tanta poesía.

“A base de poesía y alabanza no vas a llenar el estómago, hijo. ¿Qué te va a tocar a ti? ¿Qué va a ser tuyo? ¡Asegura lo tuyo!”

Francisco, sin embargo, parecía muy feliz en su nuevo estilo de vida. Esa felicidad contagiosa y sin precio resultó ganando corazones. Uno de los que ganó fue el de esta mujer, Clara, que decidió consagrarse a Dios.

Por supuesto, la decisión de ella era todavía más loca que la de Francisco. Porque, ya está bien que haya un loco; mas, tiene que estar más loco el que sigue a otro loco. Entonces, Clara estaba cometiendo un acto contra toda sabiduría humana.

Ella se consagró a Dios en un momento en que no existía una seguridad plena… no tenía casa, lecho dónde descansar, nada material de lo que ella estaba acostumbrada a tener… ninguna comodidad. No había absolutamente ninguna claridad sobre qué le iba a tocar a ella. De hecho, durante los primeros años de su consagración, se fue a vivir a un monasterio de monjas benedictinas.

Posteriormente, junto con otras amigas que también estaban cautivadas por el ejemplo de San Francisco, es cuando decide empezar un convento, donde gastó la mayor parte de su vida en Asís… aquí es cuando nace lo que conocemos actualmente Orden de Damas Pobres (hermanas clarisas).

La pregunta que nos hacemos es: Estos locos que venían de familias de comerciantes, ¿por qué dan ese salto al vacío? ¿Qué esperaban ellos encontrar? Aparentemente algo encontraron, porque la alegría de Francisco y de Clara era bien conocida, y hasta nuestros días continúa.

¿Qué es esa locura de salir al encuentro del mundo con la pobreza y con la alegría?
Pues, tiene mucho sentido, porque el comerciante, aunque abunde de otros bienes, tiene sus propias escaseces y nosotros lo podemos constatar cuando nos llenamos de bienes materiales y a pesar de eso no encontramos la felicidad, sentimos que algo nos falta o que no tiene ningún sentido nuestra existencia. Tomemos el ejemplo de estos dos locos, que supieron llenarse de Dios hasta derramarnos con su testimonio, siguiendo a Cristo pobre y Crucificado.

Escojamos la parte mejor, no nos afanemos a los bienes que son temporales, busquemos al Sumo Bien que está con nosotros desde el inicio de cada una de nuestras vidas; busquemos a nuestro Hermano mayor, Cristo, que nos enseña a ser pacientes hasta en los momentos difíciles; busquemos el Espíritu Santo para que ilumine nuestros corazones y nos ayude a comprender que el Amor supera todo vacío.

Termino con esta idea de Santa Clara, la cual escribe en su testamento: “Nuestro Señor Jesucristo se hizo camino y nuestro padre Francisco nos lo ha mostrado”. No tengamos miedo de ponernos de pie y seguir al que es el Camino verdadero, aprendamos a valorar, celebrar y vivir la noticia de su Amor.

Fr. César Augusto Escamilla Hernández, OFM

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