Novena a San Francisco-Día tercero

Día Tercero
EL DISCIPULADO DE FRANCISCO Y DE CÓMO ATRAJO CON SU FORMA DE VIDA A SUS PRIMEROS SEGUIDORES

“Señor me llamaste para ser discípulo de tu Hijo muy Amado”

Hermanos y hermanas, en este tercer día de la novena de Nuestro Seráfico Padre San Francisco reflexionaremos sobre el discipulado de Francisco y de cómo atrajo con su forma de vida a sus primeros seguidores.

En primer lugar hay que tener en cuenta que Dios es quien llama a los hombres a ser discípulos, y en segundo lugar este discipulado requiere una respuesta que se traduce en acciones concretas.

Cuando decimos que Dios es quien llama a los hombres a ser discípulos, quiere decir que el hombre no es quien toma la iniciativa sino es Dios mismo quien toma la iniciativa; por ejemplo, Jesús antes de elegir a sus apóstoles se va al monte a orar (Lc 6, 12-16), es decir, al encuentro con el Padre en donde Él le mostrará quiénes van a ser sus discípulos, de ahí la importancia de la oración, porque ésta nos lleva a la íntima relación con el Padre. Por tanto, los discípulos son el fruto de la relación del Hijo con el Padre.

El hombre está llamado a responder este llamado: a ser apóstoles; pero un elemento fundamental para responder a este llamado, es la íntima relación con el Padre. Nuestro Seráfico Padre es un ejemplo de cómo supo responder este llamado, gracias a su total entrega a la oración, de ahí la transformación total de su persona.

El discipulado de Francisco consiste en vivir el Evangelio desde la fraternidad, es decir, reconoce al Padre como creador de todas las cosas, de ahí que toda creatura sea una hermandad. Con esta concepción, Francisco propone una nueva forma de vivir el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo. Esta nueva forma de vida se traduce en espiritualidad franciscana, espiritualidad en cuanto que la experiencia personal de Francisco con Dios se traduce en acciones concretas: vivir y anunciar el Evangelio a toda creatura hasta llegar a convertirse en Evangelio viviente.

Esta nueva forma de vida llamó la atención a los hombres, de ahí que se le comenzaron a unir, abrazando devotamente el estilo de vida que Francisco, con su testimonio, ofrecía a la comunidad cristiana. El Hermano Bernardo, después de dejar todo y darle sus bienes a los pobres siguió a San Francisco, volviéndose un hombre humilde y piadoso. Después le siguieron otros dos grandes hombres: el hermano Gil y el hermano Felipe, hombres temerosos de Dios que con sus cualidades vivían y anunciaban el Evangelio con toda sencillez. Y el número de hermanos iba creciendo gracias al testimonio del Seráfico Padre.

Tenemos que aclarar que Francisco no quería fundar una nueva comunidad o una Orden, sino que gracias a su íntima relación con Dios y su forma de vivir el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, Dios mismo le dio hermanos para formar una nueva hermandad donde el centro de sus vidas fuera el Evangelio. Francisco mismo testifica en su testamento: “y el Señor me dio Hermanos”

Hermanos y hermanas, hoy el Señor nos invita a encarnar el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, a ejemplo de Nuestro Seráfico Padre, quien supo ser un verdadero discípulo de Cristo hasta llegar a encarnar el Evangelio. Es así como podemos cada uno ser verdaderos discípulos de Cristo y anunciadores de Paz y Bien en nuestra sociedad, en donde se ve hambrienta de Amor y de Paz.

Fr. Juan Santos García, OFM

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