Novena a San Francisco-Día primero

Día Primero
EL ENCUENTRO DE FRANCISCO CON EL CRUCIFICADO

Queridos hermanos, el día de hoy comenzamos la novena en honor de nuestro Padre Seráfico San Francisco de Asís. Es un tiempo de preparación para meditar y aprender de los ejemplos de éste hombre que por su vida y carisma supo unirse perfectamente a Cristo.

En este primer día meditamos el encuentro de Francisco con el Crucificado, encuentro que tuvo lugar en la capilla de San Damián. Un hecho que marcó su proyecto de vida al momento que Jesús lo llama a que reconstruya su casa que amenaza ruina; aunque en un primer momento Francisco lo toma literalmente reconstruyendo la Capilla de San Damián, descubriendo después  que la reconstrucción es para la Iglesia espiritual, el Cuerpo Místico de Jesucristo, siendo  esto  la causa de  encuentro con Dios. El Dios que parecía escondido, se ha mostrado a Francisco, bajo la imagen del Crucificado para llamarlo a una misión.

Francisco se encuentra con Cristo de una manera especial, no el Cristo glorioso, revestido de majestad, sino clavado en una cruz, flagelado y desnudo. Ésta es la imagen de Cristo pobre y crucificado, que Francisco contempló, acogió y vivió en el transcurso de su vida, por medio del Evangelio, siendo éste su proyecto de vida; una vez que lo ha escuchado lo pone en práctica como una teatralización, viviéndolo a pie de la letra, pero al pasar lo años deja de ser una representación y pasa a ser  una conformidad con el camino de Jesús. Una conformidad que lo lleva a penetrar el amor de Dios encarnado en Jesús, pasando de una superficialidad, a una interiorización espiritual.

Francisco sigue a Jesús por dos vías: la encarnación como el momento más sublime, la Kénosis de Dios, encarnándose con  nuestra condición humana,  por medio de la cual, Dios de hermana con nosotros en la pobreza y humildad. Por esto, Francisco se extasía al contemplar en la noche de Greccio al Dios Niño, el Dios que llora, que siente frio, que es amamantado por su madre,  que es recostado en frías pajas; la alegría de saber que el Altísimo se hace comunión con la humanidad, y por lo cual, el hombre no estará solo, si no que siempre estará acompañado por su creador.

La otra vía es la crucifixión, Dios que se humilló al tomar nuestra condición humana y nacido entre la pobreza, termina su misión en la cruz. Cada vez que Francisco contemplaba la muerte de nuestro Señor se inflamaba en él una especial ternura y devoción. Veía el amor que Dios nos tiene al encarnarse y morir crucificado por salvar a la humanidad, qué sublime humildad, que Dios se rebajara a tal punto para Salvar a la humanidad  y hacerla partícipe de la vida divina.

A esto nos invita San Francisco, a tener un encuentro personal con Dios a través del Crucificado  para reafirmar nuestra fe y movidos por una especial ternura y devoción, darlo a conocer a la sociedad con nuestro testimonio de vida, como verdadero discípulos de Jesús, e ir propagando por el mundo el amor que nos ha tenido Dios al salvarnos, pagando el precio más alto, el dar la propia vida por nosotros.

Fr. Orlando Gómez Ramírez, OFM.

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