Solemnidad de Cristo Rey

25 de noviembre de 2012

Hermanos y hermanas, nos reunimos hoy como familia que somos de Dios, para encontrarnos con Él a través de su Palabra y alimentarnos de su Cuerpo y de su Sangre. Y de manera muy especial, en esta solemnidad de Cristo Rey del universo.

Hoy con esta solemnidad concluye el Año Litúrgico, el cual inicia con el primer domingo de Adviento y tiene su culmen con esta solemnidad de Cristo Rey. Un año en el que Dios nos va revelando su plan de salvación y su amor.

En el Adviento, se nos ofrece una preparación para esperar al Mesías prometido por Dios, y los profetas nos invitan a esperar a ese Rey de Israel; luego la Navidad, el gozo y la alegría de ese Salvador prometido que ha nacido y que es llamado Príncipe de la paz. Y en ese avanzar del Año Litúrgico llega el tiempo de Cuaresma, tiempo en el cual Dios nos llama a volvernos a Él de todo corazón, y prepararnos para celebrar el santo Triduo Pascual, que es el centro y el sentido de toda la vida cristiana. Jesús que se entrega por nosotros, en aquella última cena se queda con nosotros en el pan y el vino, que muere por amor a nosotros y por obediencia al Padre, y que es tanto el amor de Dios para con nosotros que resucita a Jesús, venciendo así a la muerte y garantizándonos nuestra resurrección.

Continúa así el tiempo Pascual, tiempo en que la Sagrada Escritura nos muestra a Jesús Resucitado presente en medio de sus discípulos, hasta que vuelve al Reino de su Padre, desde donde nos envía al Espíritu Santo, que es el que nos guía y acompaña en nuestro peregrinar a la casa del Padre. Y finalmente tenemos el tiempo Ordinario, en el cual Jesús nos va enseñando, como Maestro, la manera cómo es que debemos de seguirlo, para ser verdaderos discípulos suyos.

Todo este recorrido es un itinerario, creo yo, de la vida del cristiano, el cual recorre este camino para finalmente encontrarse con Jesucristo Rey del universo entero, al cual está sometido todo y junto al cual un día participaremos de su gloria y de su Reino.

Y precisamente la Liturgia fue muy acertada al poner en esta solemnidad el Evangelio en el cual se narra el juicio de Jesús. Y cómo es que proclamamos a un rey el cual está siendo enjuiciado? Pilato mismo le pregunta: ¿con qué tú eres rey? Para Pilato es difícil entender esta autoproclamación de Jesús, cómo un rey que es entregado para que lo maten, un rey sin ejercito, sin vestiduras dignas, sin reino; pero la respuesta de Jesús es clara: mi Reino no es de este mundo; el Reino de Jesús rompe las estructuras humanas que se tenían, no es la fuerza, la dominación, ni la riqueza la que construyen el Reino de Jesús, es el amor, la caridad, la fraternidad los que construyen el Reino de Jesús, por eso dice mi Reino no es de este mundo, no es como piensan ustedes. Su pensamiento es ojo por ojo, no, en mi reino no se devuelve mal por mal, ustedes dicen amen a quienes los aman, no, en mi Reino se ama y se ora por los que los persiguen y acusan. Por eso mi Reino no es como el de ustedes, no es de este mundo.

En el diálogo entre Jesús y Pilato, Jesús dice: yo vine para ser testigo de la verdad. Más adelante en este diálogo Pilato se va a preguntar ¿y qué es la verdad? Pilato no lo entendió, no lo supo ver, había escuchado sobre Jesús, las cosas que hacía, pero no lo supo reconocer, Jesús mismo es la verdad, lo que él predicó, lo que enseñaba Él mismo era el ejemplo, Él mismo era la vivencia de esos valores que construyen el Reino. Y ante el juicio, ante la condena a muerte, Pilato no supo ver esa verdad, nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Hasta el último momento de su vida Jesús enseña y hace viva su predicación, me entrego por todos, el amor me lleva a dar mi vida por todos esa es la verdad, esa es la verdad que Pilato no supo reconocer.

Aparentemente todo terminó en la cruz, lo mataron, mataron a ese pobre que se decía rey. Pero la realidad es otra, Jesús es el verdadero Rey que se pone al frente de sus vasallos y da la vida por ellos, no los manda, va Él primero dando ejemplo de cómo se debe vivir en su Reino.

En dos mil años de cristianismo hombres y mujeres han sabido encontrar la Verdad y la han seguido construyendo de esta manera el Reino de Jesús que empieza desde aquí, y llegará a su plenitud cuando estemos todos reunidos con Él. Y ese reino nosotros lo vamos construyendo en la vivencia de los valores fundamentales que Jesús nos enseña, la caridad, la solidaridad, la fraternidad, y muy particularmente en nuestra sociedad la defensa de la familia, de la vida y de la dignidad de la persona. Y estos valores se enseñan en las familias, en la parroquia, y se comienzan a vivir en las propias familias, en el trabajo, en la escuela, con los amigos y en los diferentes campos en los que nos desenvolvemos.

Hermanos, todos hemos oído hablar sobre Jesús, sabemos dónde encontrarlo, sabemos cuál es su Reino y cuáles son los valores que construyen ese Reino, no nos vaya a pasar lo que Pilato, que habiendo escuchado sobre Jesús no supo reconocerlo ni aun estando enfrente de Él.

El Reino de Jesús no es como los de este mundo, no hay riquezas ni poder, su ley es el amor, no es el Reino más atractivo, pero sí es el mejor, el que garantiza nuestra verdadera y plena felicidad, si estamos aquí reunidos es que creemos en ese Reino.

Sigamos pues viviendo esos valores que Jesús nos enseña, sigamos construyendo ese reino que llegará a su plenitud cuando todos nos encontraremos con Jesucristo Rey y soberano de todo el universo.

Fr. Guillermo Alonso Piñón Ruelas, OFM.

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