Solemnidad de la Santísima Trinidad

3 de junio de 2012 

Queridos hermanos en Cristo Jesús, nos hemos reunidos en este día para ofrecer nuestro sacrificio agradable al Padre Celestial, por Cristo su Hijo, en el Espíritu Santo. Envueltos hoy en un ambiente de gran solemnidad, la Iglesia celebra la manifestación de Dios en su Trinidad y Unidad.

Solemnidad que nos ayuda a profundizar en este misterio de nuestro Dios. Misterio que se nos ha revelado en el trascurso de la historia como salvación, donde Dios se ha manifestado al hombre para hacerlo participe de su gracia que es su presencia misma.

Se nos ha manifestado como un Dios en tres personas distintas, que son el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Un Dios Trinitario que es Creador del cielo y de la tierra. El Dios Trinidad que de una manera indirecta se manifestó en el Antiguo Testamento, a los patriarcas, profetas y al pueblo de Israel; y que se manifiesta de una manera perfecta en la encarnación del Hijo de Dios Jesucristo que unió al Creador y la creatura en su persona humana y divina a la vez, entablado así la amistad entre Dios y el Hombre.

Esta amistad que Dios hace con su creatura, el hombre, sigue siendo posible hasta nuestros días gracias a la acción de Espíritu Santo que opera en su Iglesia. Para hacer posible esa amistad Dios-hombre, la liturgia de la palabra de este día nos propone tres vías para entrar en comunión con Dios.

La primera vía se nos propone en la lectura del libro del Deuteronomio, donde se nos enseña a Dios como Creador de todo y un Dios que hizo una alianza con un pueblo, que se escogió para sí. Este Dios es al que le profesamos nuestra fe, en un primer instante, en nuestro bautismo, cuando nuestros padres y padrinos confesaron su fe por nosotros, y que al ir creciendo y acercándonos a los demás sacramentos, renovamos nuestra fe en un solo Dios Creador de cielo y de la tierra.

Una vez que ya conocemos quien es Dios pasamos a la segunda vía que nos propone San Pablo en la Carta a los romanos: el relacionarnos con Dios como nuestro Padre. Por la encarnación de Jesucristo, podemos llamar a Dios ¨Abba¨, es decir Padre, vocablo arameo que expresa una unió especial, cordial y confiada. Unió que se hace posible por el Espíritu Santo que santifica para la vida eterna al hombre, y así hacerlo hijo de Dios y coheredero del reino de Dios.

Dios en su infinita bondad ha querido revelarse al hombre y hacerlo participe de su divinidad pero el hombre por ser pequeño e indigno no puede acceder por sí solo a esta gracia, por lo que Dios mandó a su Hijo para que nos redimiera por su encarnación, muerte y resurrección, con la fuerza del Espíritu Santo. Por toda esta obra de amor el hombre entabla la amistad con su Dios y Señor.

Después de que se logra el conocimiento y la relación con Dios, se pasa a la tercer vía, pregonar por todos los confines de la tierra la bondad de Dios con nosotros, esta es la tarea que nos dice hoy Jesús en el evangelio de san Mateo: al encontrase Jesús en el monte con sus discípulos y postrados ante su presencia, los envía a enseñar a todas la naciones y bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolos a cumplir todo cuanto el les ha mandado (Mt 28, 17-20). Este es el compromiso de todo bautizado el anunciar el amor de Dios y cumplir sus mandamientos, compromiso que la Iglesia ha cumplido a lo largo de los siglos y que hoy sigue cumpliendo en cada uno de nosotros.

Este anuncio lo tenemos que hacer diariamente, en nuestra familia, en el trabajo, en los círculos sociales que frecuentamos; el bautizado está llamado a anunciar a su Dios en todo momento y en todo lugar, anunciar a los de corazón quebrantado, que tiene un Padre celestial, que mando a su Hijo para que diera la vida por nosotros y así ser santificados por el Espíritu Santo. Y con más razón en este tiempo, en que nos hemos llenado de lo material, del libertinaje, de falsas ideologías, de discriminación y sobretodo de un ambiente de ateísmo que envuelve a nuestra sociedad.

Es el momento de vencer las ataduras del la cobardía, del conformismo, de la comodidad, y anunciar a nuestro buen Dios que es Trinidad en una unidad, que para los ojos de la sola razón es inconcebible, pero, para un corazón lleno de fe es capaz de descubrir el Amor Trinitario de nuestro buen Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Así es como en este día y en los demás días tenemos que dar gloria y alabanza a nuestro buen Dios y ser un Pueblo dichoso por ser escogido por Él.

Fr. Orlando Gómez Ramírez, OFM.

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