Tiempo de Cuaresma 4° Domingo

18 de abril de 2012

“Sólo por la fe en Jesucristo obtenemos la salvación”

Hermanos, por la gracia de Dios hemos llegado al IV domingo de cuaresma, tiempo en que la Iglesia nos invita a intensificar nuestras prácticas cuaresmales (la oración, las obras de caridad, lectura de la Sagrada Escritura, el sacramento de la confesión, etc.), ya que, dentro de unas semanas estaremos celebrando la fiesta de las fiestas, la Pascua del Señor. Y para que nuestra preparación sea más efectiva, hoy la Palabra del Señor nos invita a que tengamos en cuenta la FE, ya que, por este don aceptamos la salvación que nos viene a traer Jesucristo, como manifestación del amor del Padre.

El evangelista San Juan nos presenta a Jesús como la manifestación del amor del Padre, “Tanto amó Dios al mundo que, que le entregó a su único Hijo…”. El envío es un acto de amor que Dios profesa por el mundo, es decir, a los hombres, a los cuales quiere procurar no la condena, sino la salvación. El fin que busca el gran acto del amor de Dios, que es el envió de su Hijo, no es ciertamente, el juicio del mundo, sino la liberación de éste de la condena eterna, de ahí que, Dios envíe a su Hijo para que el mundo sea salvado por Él. Jesucristo es la salvación del mundo.

Con la libertad que Dios nos ha dado, tenemos la facultad de aceptar o no aceptar esta gran oferta de Dios, la salvación. Pero hay que tener en cuenta que cada decisión que tomemos tendrá sus propias consecuencias. Pero como la misericordia de Dios es grande, el evangelista San Juan nos presenta un medio por el cual la salvación se hace presente; ese medio es la FE. Y a la fe, San Juan la entiende como la entrega total a Cristo, la aceptación y la práctica de su palabra, que es amor a Cristo, en pocas palabras, Cristo habla y nosotros aceptamos su palabra, nos unimos a Él y entonces el Espíritu de Cristo nos engendra a la vida divina, es decir, a la salvación misma.

Efectivamente, lo que hace posible la salvación, la vida eterna y la no condenación, es la fe en Jesucristo, mientras que la incredulidad u obstinación en la infidelidad excluye de la salvación.

Quienes optan por la fe en Jesucristo, comienzan una nueva vida, porque Cristo se presenta como una luz que ilumina a toda la persona para que éste actué conforme a esa luz, de ahí que la búsqueda y el anhelo de la luz sea más intensa hasta llegar a poseer la salvación plena, que es vivir según Cristo.

Pero los que no aceptan la salvación se cierran a la luz, es decir, niegan a aceptar la fe en Jesucristo y prefieren permanecer en el pecado y en las tinieblas. La razón es porque obran el mal, y el mal hace que huyan y odien a la luz, para evitar que sus obras sean descubiertas tal como realmente son. La no aceptación tiene como consecuencia la condenación y la condenación consiste en la separación de Dios y Cristo. Pero el que cree con fe viva y amor, está unido a Cristo y a Dios.

Hermanos, como cristianos católicos, ¿cuál es nuestra actitud ante la gran oferta de Dios? ¿Lo aceptamos a la luz de la fe o por nuestra incredulidad permanecemos en la oscuridad? Miren que San Pablo nos recuerda que hemos sido salvados mediante la fe en Jesucristo y que Dios muestra, por medio de su Hijo, la incomparable riqueza de su gracia y de su bondad para con nosotros.

Esta gracia sigue derramándose en cada Eucaristía ya que el amor de Dios es infinito, es por eso que diariamente nos envía a su Hijo, en donde sigue mostrándonos su amor, solo hace falta que nosotros lo aceptemos y caminemos conforme a la luz, pero esto se logrará de acuerdo a nuestra fe. Si nuestra fe es viva y firme aceptaremos vivir conforme a la luz, pero si no, permaneceremos en la oscuridad y en el pecado.

Dios no quiere que nos perdamos y que permanezcamos en el pecado, es por eso que nos invita a que acojamos el amor que Él nos ofrece, y acoger su amor es acoger a Jesucristo, porque Él es la manifestación del Padre.

Por tanto, hermanos, en este IV domingo de cuaresma, Dios nos invita a que aceptemos su amor y que lo aceptemos desde el don de la fe, don que hemos recibido en el bautismo. Porque gracias a la fe podemos ver el amor de Dios a nuestro alredor, es decir, en la familia, en el trabajo, en la sociedad, pero principalmente en la Eucaristía, máxima manifestación del amor de Dios. Pidamos, hermanos, que Dios aumente nuestra fe y nos fortalezca a caminar y actuar de acuerdo a su Amor.

Fr. Juan Santos García, OFM

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