Tiempo de Adviento 1° Domingo

02 de diciembre de 2012

Queridos hermanos y hermanas en el Señor Jesucristo, nos hemos congregado en torno al altar para celebrar el misterio de nuestra fe, para alimentarnos de su palabra y posteriormente del Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.

Así como el año civil tiene su principio y su fin así el Año Litúrgico, para nosotros los cristianos católicos tenemos un principio y un fin, hemos concluido un Año Litúrgico la semana pasada con la solemnidad de Cristo Rey del universo. Y este domingo iniciamos un nuevo año litúrgico, el año “C”, y lo iniciamos con el tiempo, tan hermoso, que llamamos  Adviento.

Como ya hemos visto, los ornamentos del sacerdote han cambiado de color, de un verde a un morado, no se canta el gloria, sino hasta la vigilia de Navidad, el día del nacimiento del Niño Dios. Y algo muy significativo es la corona de adviento.

Pues bien, el Adviento está lleno de muchos símbolos, y es preciso, una vez más recordar su significado, aunque ya lo sepamos, hay que redescubrir el sentido pleno de estos y también redescubrir qué es lo que nos dicen a nosotros, porque esa será la novedad y el misterio que nos guíe y nos conduzca en este tiempo litúrgico del Adviento.

Pues bien, comencemos con el Adviento, la palabra adviento viene del vocablo latino, adventus,  que quiere decir, venida, esperanza. El tiempo del Adviento tiene dos características: es a la vez un tiempo de preparación a las solemnidades de Navidad en que se conmemora la primera Venida de Hijo de Dios entre los hombres, y un tiempo en el cual, mediante esta celebración, la fe se dirige a esperar la segunda Venida de Cristo al fin de los tiempos.

El color morado, por un lado invitan a la penitencia, también a conversión, pero sobre todo a disponer el corazón, disponerlo para que junto con el nacimiento del niño Dios en navidad nazca, también, en nuestro interior en nuestro corazón, en nuestra persona, sólo de esta forma tendrá sentido celebrar este tiempo que Dios nos permite para recibir a su Hijo, el Emmanuel.

Por otro lado tenemos la “Corona de Adviento”, que por lo regular es un círculo en el cual se ponen cuatro velas, tres moradas y una rosa, estás se van prendiendo una a una cada domingo, y que nos representa la luz de Dios que va guiando nuestro camina hacia el nacimiento del Niño Dios. El Verde nos representa la alegría, y es que si bien es un momento para repensar e interiorizar en nuestra vida, este interiorizar se hace, a diferencia de la cuaresma, con alegría, porque recordemos, estamos disponiendo nuestro corazón a la llegada del Salvador, Jesucristo Nuestro Señor.

Como vemos hoy y veremos los demás domingos estarán llenos de signos no sólo externos, palpables, aquellos que podemos ver con nuestro ojos físico, sino también en la Palabra se nos va hacer hincapié, durante estos domingo a renovar, a poner atención a nuestro proceder, pero sobre todo a estar a atentos, a despertar del sueño, a descubrir en los signos de los tiempos que ya se acerca la hora en que el Salvador va a venir.

Al respecto nos dice la primera lectura de Jeremías: “se acercan los días, dice el Señor, en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá… Haré brotar del tronco de David un vástago santo”.

Y por otro lado, san Pablo nos marca un itinerario que sería preciso, que lo tengamos en cuenta, pues él nos marca el cómo disponer nuestro corazón cuando dice, parafraseando la lectura: “amor mutuo hacia los demás; que vivan como conviene, para agradar a Dios”, en una palabra vivir conforme a nuestra dignidad de personas humanas, y también ayudando al otro, a nuestro prójimo a que viva en esta misma condición.

O en otras palabras vivir en la fe, esperanza y la caridad, son estas virtudes las que nos debe de guiar día a día, para poder comprender la novedad de Dios y su misterio en medio de nosotros.

De esta misma forma, hermanos el Evangelio de san Lucas, no dice se acerca nuestra liberación. Nos dice una serie de fenómenos que pasarán cuando el momento en que Dios se manifieste gloriosamente y, también verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y majestad.

Y nos dice, esté alertas, que las preocupaciones de esta vida no los distraigan, y en este aspecto podemos enumerar una serie e infinidad de cosas que en nuestro mundo actual nos ciegan, nos tapan los ojos para ver que Dios se hace presente en medio de nosotros y que esos fenómenos que nos enumera san Lucas están pasando,  nos tapan los oídos para escuchar al sufriente y por eso no podemos descubrir que Dios se hace presente ya.

Esa palabra insistente de “estén atentos” es una llamada de atención; traigamos a colación aquella lectura de las vírgenes prudentes, que en espera de la llegada del esposo, unas tomando en consideración que el esposo tardaría en llegar pusieron más aceite a sus lámparas, otras por las preocupaciones de la vida, solo llevaron lo necesario, dándose cuenta que no les alcanzaría se fueron al pueblo a comprar aceite, pero en el momento en que estas fueron llegó el esposo y éste no las reconoció. Es precisamente este sentido el que tiene al encender esta vela, es nuestra lámpara y que nos dice, esté atentos, vigilantes, porque ya se acerca el Señor, se acerca el momento de la liberación, y de qué nos va a librar de todas esa ataduras que el mundo nos ofrece y que no nos deja crecer como los hijos de Dios y no llegar a nuestra realización como personas. Pero también nos pone de manifiesto el cómo: “velen y hagan oración continuamente”.

Queridos hermanos, es un tiempo propicio para repensar nuestra vida, revalorar lo que tenemos, reavivar nuestra fe, y sobre todo vivirnos como hijos de Dios, recordemos algo muy bello, por el bautismo, Dios nos hace participes de una triple condición, profeta, sacerdotes y reyes.

De esta forma podremos hacer nuestra la oración colecta que hemos escuchado al inicio, Señor, despierta en nosotros el deseo de prepararnos a la venida de Cristo con la práctica de las obras de misericordia para que, puestos a su derecha el día de juicio, podamos entrar al Reino de los cielos.

Quiera Dios que así sea. Amén.

Fr. Juan Alejandro Gutiérrez Licea. OFM.

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