Tiempo de Cuaresma 3° Domingo

11 de marzo de 2012

Continuamos en este ambiente de la cuaresma y vemos que siempre es Dios el que nos hace la invitación a la conversión. El día de hoy nos invita a echar una mirada a nuestro interior y a nuestra relación con Dios a través de la Oración.

Es muy impresionante imaginar enojado al Hijo de Dios, pues desde el principio Dios corona la creación con el hombre; pero la alianza, Dios la hace con la creación entera. Es decir, un Dios que es toda misericordia de repente se molesta tanto, por algo que hacia ya mucho tiempo existía: vendedores de ovejas, bueyes, palomas, cambistas de ofrendas para expiar el pecado, etc. Parece inconcebible. ¿Qué le pasó al maestro? Sin duda la respuesta nos la da el mismo evangelista más adelante cuando dice: los discípulos recordaron aquello de “el celo por tu casa me devora”. Y después de una discusión con los judíos dirán: “qué signo nos das de esa autoridad”. “Destruyan este Templo y yo lo construiré en tres días”; pero la pista más importante está en lo que descubren los apóstoles: hablaba de su propio cuerpo. Medita esta relación tan importante “Cuerpo, Templo y casa de oración”, parece que el maestro los usa como sinónimo, impresionante ¿No?

Entremos pues en esta dimensión de cuerpo, visto como la creación entera, la Iglesia, la familia y la persona en concreto. El cuerpo podemos decir que es el santuario, el Templo, la casa, el lugar más intimo, es la habitación donde Dios habla y escucha… San Francisco dirá con respecto al mundo: “El mundo es nuestro Claustro”, es el lugar donde nos encontramos con Dios; y san Buenaventura, a través de la creación, descubre una escala que nos lleva a la contemplación de Dios.

Podríamos preguntarnos el día de hoy… ¿Este es el mundo que Dios pensó?
Corrupción, soborno, envidia, destrucción, violencia, abuso, extinción de especies, deshielos, daños morales, etc. ¿No esperaba más bien un lugar de armonía y diálogo entre el hombre y su Creador?, ¿No debería estar enojado?… pero qué podemos decir de la Iglesia.
Para asistir a la Celebración Eucarística, cómo nos preparamos, porque San Pablo; al igual que el Concilio Vaticano II, habla de la Iglesia como Cuerpo Místico de Jesucristo.

Entonces, para venir a recibir al Señor, casi lo podemos suponer, que venimos con nuestros mejores vestidos, con tantas ganas, en paz, bien despiertos y dispuestos a estar con Dios; es decir, nada de chismes, ni negocios, sólo vinimos a buscar a Dios y a llevarlo con nosotros.

Ahora vayamos a algo más concreto, el hogar; donde reside un matrimonio o iglesia domestica: cómo lo estamos cuidando. Porque San Pablo habla del matrimonio como de un cuerpo, en donde el varón, la mujer y los hijos son el cuerpo.

El Concilio Vaticano declara que: la cabeza y sus miembros, forman la Iglesia domestica, es decir la familia, núcleo de evangelización. Diremos… ¿Se está escuchando a Dios?, ¿es un lugar de oración?, se anuncian valores, amor, cariño, cuidado, escucha atenta, se ora en el seno familiar…etc.

Pero vamos a lo más concreto, ¿cómo estás tú?, el Templo y Sagrario del Espíritu Santo; el lugar donde se escucha a Dios… Porque los mismos discípulos descubren, “hablaba de su propio cuerpo”, dirá Jesús, mi casa es casa de oración y ustedes la han convertido en un mercado, y los otros evangelistas, dicen: la han convertido en cueva de ladrones.

Entonces, la casa de oración es un lugar donde confluye la verdad, el amor, la paz, la pasión por los otros y nos lleva a buscar lo que Dios tiene como proyecto para su Templo que es lugar de oración.

El celo de Jesús, su actuar, es o debe ser, nuestro actuar ante lo que nos aleja de Dios, necesitamos ser el lugar donde se ama a Dios sobre todas las cosa, no se roba, no se engaña, no se mata, no se envidia ni se crítica, porque sólo queremos escuchar a Dios, porque mi casa es casa de oración, es que la actitud de Jesús, es la actitud que necesitamos nosotros como el pecador arrepentido, él se ve así mismo y busca tirar el pasado para hacer todo nuevo y digno, para hacer, después de tantos errores, Casa de Oración.

Hermanos, reconstruyamos, la casa de oración y derribemos nuestros vicios y pecado, para dejar que Dios venga y tome el trono de nuestro corazón.

Fr. Juan Daniel Hernández Luna, OFM.

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