Tiempo Ordinario 26° Domingo

30 de septiembre de 2012

Queridos hermanos y hermanas: es siempre interesante ver como el ser humano se afana por cosas tan triviales y pierde el sentido de la propia existencia.

Por otra parte la pPalabra de Dios es enigmática y siempre novedosa, ya que siempre nos da respuesta exacta a las incógnitas que nos presenta la sociedad actual.
Podemos ver claramente dos aspectos planteados por el Evangelio y las lecturas de este día, y que son muy importantes para la vida del hombre y del fiel cristiano.

Por un lado la primera sección del Evangelio está en consonancia con la primera lectura ya que en ella se nos dice que Dios ha derramado sus dones por medio del espíritu que habita en Moisés su siervo, estos dones que incluso se derraman sobre aquellos que no se encontraban en la asamblea.

Este Dios que es bondad y que al derramar sus dones en las personas siempre son puestos en estas para el beneficio de la comunidad en vista al servicio. Ahora bien este Espíritu es el mismo que actúa ya en el NT en las personas que nos presenta la primera sección del Evangelio sobre aquellos que en el nombre de Jesús expulsan demonios y hacen milagros; Jesús al igual que Moisés no cuestiona y no se deja influenciar por aquellos que se encuentran con él, sino que les explica el por qué deben de dejar que estos sigan actuando, Jesús y Moisés, ven que es el Espíritu el que obra en estos y por medio de los mismos y esto no va ni está fuera de la voluntad de la bondad y del mensaje del Reino de los Cielos.

Por otro lado, la segunda sección del Evangelio tiene su resonancia con la segunda lectura del día de hoy; ya que a través del Apóstol Santiago, Dios, pone de manifiesto el obrar de los que no tienen ni siguen la voluntad del Padre, ni el obrar del Espíritu y se pierden en sus afanes mundanos y la injusticia, basados en las obras de gente sin piedad, viendo esto, el Señor dicta una sentencia por boca del Apóstol contra los que obran según sus propios intereses.

Ya en el Evangelio Nuestro Señor Jesucristo, habla de la sentencia destinada a aquellos que por medio de su obrar perturban, distraen, pierden, conllevan, persuaden, inducen al pecado a los que son pequeños a los ojos de Dios, dice estos irán al lugar de castigo los que hacen tal cosa. El Señor al pronunciar esta sentencia no quiere decir que estos estén totalmente perdidos, sino que les da tanto a ellos como a nosotros una norma para alcanzar el Reino de los Cielos. Es decir, que se dejen y dejarnos guiar por el Espíritu, para que impregnados del Espíritu quiten y quitemos de nosotros todo aquello que de algún modo pueda o pudiera ser motivo de escándalo y pecado para nuestros hermanos, esto es, si un miembro de tu cuerpo te es ocasión de pecado es mejor arrancarlo para poder entrar al Reino de los Cielos.

Esto no es literal, lo que el Señor nos presenta como causa de tropiezo es la situación de pecado y que a través de este pecado se pudiera desviar a los demás del camino de la salvación.

Así, pues queridos hermanos y hermanas, dejemos que el Espíritu de Nuestro Señor Jesucristo nos guíe y dirija hacia un buen obrar, para quitar de nosotros toda obra mala para que, a través de las obra que provienen del mismo Espíritu, podamos a traer a otros al comino y la voluntad de Dios, para que de este modo ellos también den frutos de buenas obras en la sociedad y de esta forma construyamos juntos un mundo más justo en la misericordia de Dios. Pues queridos hermanos, pidamos a Jesucristo que por medio del Espíritu Santo seamos testimonio de vida cristiana. Que así nos lo conceda nuestro Padre celestial.

Fr. Enrique Flores Roque, OFM.

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