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20 de octubre de 2012

“VETE, TU FE TE HA SALVADO”

Hermanos y hermanas: hoy el Señor Jesús nos invita a que reflexionemos sobre el don maravilloso de la FE. Y la fe no es otra cosa que la TOTAL entrega a Dios, es decir, la TOTAL confianza en Dios. Nuestro camino de fe comienza con el sacramento del Bautismo hasta llegar a la presencia del Padre. Y Jesucristo es el modelo que nos conduce al Padre.

Hoy san Marcos nos presenta a Jesús en camino hacia Jerusalén, pero antes de llegar nos pone el milagro de la curación de un hombre llamado Bartimeo. Mismo que por su fe Jesús lo cura y lo invita a seguirlo.

El Evangelio que nos presenta Marcos tiene varios elementos pero hoy solo nos fijaremos en cuatro: el lugar, la gente, un hombre ciego y Jesús rumbo a Jerusalén.

El evangelista ubica el lugar en la ciudad de Jericó, que está a cuantos kilómetros de Jerusalén, probablemente la última comunidad que visitó Jesús antes de llegar a Jerusalén.

En cuestión de la gente podemos encontrar dos clase de personas: los que impiden para que el siego pueda acercarse a Jesús y los que lo animan a que se acerque a Él, al momento en el que Jesús le habla.

Marcos presenta a un siego sentado, pidiendo por lo regular limosna, afueras de la ciudad, habla de que Jesús iba saliendo de Jericó, pero en este caso el siego tiene el nombre de Bartimeo, cosa rara, porque casi el evangelista no presenta a los enfermos con nombres propios.

Por último, Jesús va rumbo a Jerusalén y antes de salir de la ciudad de Jericó un hombre ciego lo detiene, pero este detenerse en el camino era para mostrar el amor del Padre, pero esto gracias a la fe del hombre que, después de ser curado, lo sigue, y este seguimiento no es otra cosa que ir hacia el reino del Padre, pero esto se llega gracias a la fe.

Aterrizando estos elementos en nuestro tiempo, nos podemos dar cuenta que Jesús sigue pasando en frente de nosotros, que hay mucha gente que nos impiden ver a Jesús y mucha gente que nos invita ir hacia Él. También hay muchos hombres y mujeres, que por las dificultades y preocupaciones de la vida se mantienen ciegos y no pueden ver y escuchar a Jesús cuando pasa ni mucho menos responder al llamado de Jesús, que invita constantemente a la vida con Dios. Pero el único remedio para la ceguera de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, así como lo fue para Bartimeo, es la Fe. Por tanto, para que haya curación es necesario que primero haya fe, porque solo la Fe hace posible que se realice el milagro.

Hermanos y hermanos, el tiempo que estamos viviendo, el “Año de la Fe”, nos favorece para que hagamos crecer nuestra fe. Pero se preguntarán ¿cómo podemos acrecentar nuestra fe?

El Papa Benedicto XVI nos da tres pautas, en su casta apostólica “Porta Fidei” para poder acrecentar nuestra fe: primero Reflexionar sobre la FE: lectura y estudio de la Sagrada Escritura; segunda Celebrar la FE: viviendo intensamente los actos litúrgicos, especialmente la Eucaristía que es el culmen de toda la vida cristiana y la tercera testimoniar la FE: manifestar la fe en obras.

Estas propuestas de Papa nos ayudaran a profundizar y acrecentar nuestra fe, ya que los pastores no son los únicos responsables de la fe del cristiano católico sino que también es responsabilidad de cada fiel cristiano.

Pidamos, pues, en esta celebración Eucarística que el Señor nos conceda vivir en la fe que hemos recibido en el Bautismo, ya que con la fe podemos ver con claridad a Jesús, que nos invita cada momento a permanecer en su a amor y participar de su Reino.

Fr. Juan Santos García, OFM.

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