Tiempo Ordinario 31° Domingo

04 de noviembre de 2012

Queridos hermanos, en este domingo la Liturgia de la Palabra nos invita a recordar el primer mandamiento de la Ley de Dios: Amar al Señor sobre todas las cosas. Mandamiento que nos recuerda que, antes de cualquier cosa, está el amor a Dios. Este amor que tuvo su principio en la alianza del Pueblo escogido por Dios, el tomar al Señor como único Dios, y amarlo con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas (Dt. 6,5). Este es el primero de los mandamientos, contesta Jesús al escriba, dice el Evangelio; para enseñar que el centro es el amor a Dios, ya que los judíos se habían perdido en sus 613 mandamientos olvidado el mayor de ellos.

Y ¿por qué a Jesús le preguntan esto?, no era para ponerlo a prueba ya que el escriba lo llama Maestro, dándole una autoridad a la respuesta de Jesús, como una enseñanza respecto a la Ley.

Jesús propone este mandamiento como el primero, tomando dos textos de la ley, el primero: escucha Israel: el Señor nuestro Dios, es el único Señor; amarás a Señor con todo el corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas, (Dt. 6, 4-5). Esta primera parte nos recuerda el don de la Fe, que recibimos por parte de Dios para conocerlo por medio de su Revelación y adorarlo como único Señor, del cual, fuera de Él no hay mas dioses, siendo Él centro de nuestra vida, al cual estamos llamados a amarlo con todo nuestro ser, ya que somos amados por Él. Este amor a Dios llena los libros proféticos y salmos, pero un amor que es compatible con el temor filial, pero que excluye el temor servil. Es un acto de plena confianza que el creyente hace una vez que ha tenido el encuentro con Dios, experimentando su amor y correspondiendo en un acto de plena voluntad abandonándose en Dios.

Este amor no es solo un concepto o una utopía, sino que se debe expresar en los hermanos, ya que el segundo texto que toma Jesús de la Ley es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Lv. 19, 18). El dinamismo de amor entre el Dios y el hombre, tiene su acción en la relación con el otro, el verlo no como un medio para obtener nuestro bienestar, sino como una persona que es creada a imagen y semejanza de Dios, verlo como en un espejo, donde nos reflejamos, ya que Jesús dice, ámalo como a ti mismo. Si nosotros somos capaces de valorar a nuestro prójimo como un don de Dios que nos ha dado, respetando sus derechos, su dignidad y, sobre todo, el estar atento a sus necesidades, entonces verdaderamente nos amamos a nosotros mismos, porque si en nuestro caminar aplastamos a los hermanos, y no valoramos su dignidad, estamos pisoteando nuestra propia condición humana.

Por esos queridos hermanos, en este domingo nuestro Señor Jesús, nos recuerda el mandamiento del amor, y sobre todo en este Año de la Fe, que estamos llamados a renovar nuestra fe que recibimos por parte de Dios y que aún no ha dado su fruto. Pongamos en práctica la caridad al prójimo, que es el testimonio más grande de nuestra fe en el Dios que nos ha mostrado su amor en una persona que es Jesucristo, que nos amó al punto de dar la vida por nosotros. Sigamos a nuestro Divino Maestro amando a Dios y a nuestro prójimo, y no estaremos lejos del Reino de los Cielos.

Fr. Orlando Gómez Ramírez, OFM

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