Tiempo Pascual 3° Domingo

22 de abril de 2012

Queridos hermanos en el Señor Jesucristo, seguimos celebrando y recordando la Pascua del Señor, y siempre será bueno traer a nuestra mente cuál es el significado de “Pascua” para poder comprender lo que Dios nos quiere manifestar en la Sagrada Escritura. Recordemos que el significado de Pascua es “Paso”, pero un paso no superficial sino uno que toque toda nuestra persona en todas sus dimensiones.

Jesucristo en su Pasión, Muerte y Resurrección no padeció solo en su cuerpo sino toda su Persona, su Alma y su Cuerpo, de igual forma nosotros debemos de introducirnos, como Él en este Tiempo Pascual para que nosotros podamos ser también manifestación de su Resurrección, y poder ganar la gloria que no se marchita.

En el Evangelio de hoy quiero centrarme en dos cosas:

Un primer elemento, tomando las palabras del evangelista, nos dice “les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras”. A esto viene necesariamente una pregunta: ¿Nosotros nos hemos dejado abrir nuestra inteligencia y nuestro sentidos para comprender y descubrir a Jesús en loas Escrturas? O ¿Negamos esa gracias que Dios nos da por medio de la escucha de su Palabra?

La respuesta es un “sí”, sí hemos dejado abrir nuestra inteligencia para comprender la palabra de Dios, que el día de hoy se nos ha proclamado, somos conscientes de que la persona, como el Ministro que ha leído las lecturas, es instrumento por el cual Dios mismo se manifiesta. El Sacerdote, el salmista, los lectores prestamos toda nuestra persona y sobre todo nuestra voz para que por medio de ellas Dios nos hable.

Claro que hemos permitido que Dios abra nuestra inteligencia para comprenderlo y descubrirlo en las lecturas y poder decir con plena conciencia que nuestros antepasados actuaron por ignorancia y por ello dieron muerte al Autor de la vida, Cristo, entregándolo a sus jefes y liberando a un asesino, Barrabás.

Hermanos, si no dejamos abrir nuestra inteligencia a la Verdad, pasará día tras día este dar muerte a Jesucristo en las personas más insignificantes, menos afortunadas que nosotros.

Si no abrimos nuestra mente a comprender a Dios en la Sagrada Escritura, seguiremos actuando por ignorancia, entregándonos a nuestras pasiones, a nuestros deseos desordenados, a nuestros egoísmos insaciables, y sobre todo a dar muerte a la dignidad del prójimo.

Nos dice San Juan “Tenemos una prueba de que conocemos a Dios, es por ello que cumplimos sus mandamientos. El que dice yo conozco a Dios pero no cumple sus mandamientos es un mentiros y la verdad no está en él. Pero aquel que cumple su palabra, el amor ha llegado a su plenitud, y precisamente en esto conocemos que estamos unidos a Él”.

Éste es el segundo elemento, el amor; por el amor nuestra persona acoge y dispone todo para que logre un conocimiento pleno acerca de Dios; por el amor la caridad se manifiesta y naturalmente que este conocer, se ha de manifestar con obras. Se nos dice en otra parte “La boca habla de lo que hay en el corazón del hombre”.

Más a delante, nos dice Lucas, “Pero Dios resucitó de entre los muertos a Jesús. Arrepiéntanse, y conviértanse para que les sean perdonados sus pecados”.
Sin duda que el paso, la Pascua que Dios nos propone en este domingo es un cambio de conducta, un cambio en donde obre la palabra de Dios y su gracia, en donde demos muerte al hombre viejo y hagamos resurgir en nuestra persona al hombre nuevo, en donde reconozcamos a Jesús, como los discípulos de Emaús, en la Escritura y en la fracción de pan; recordemos, queridos hermanos, Dios no quiere la muerte del pecador sino que cambie de conducta y viva.

Trabajemos por entender, conocer a Dios, sí en la Escritura, sí en la fracción del Pan, pero sobre todo en lo cotidiano de nuestra vida, de esta forma podremos cantar como el salmista “En ti, Señor, confío. Aleluya”.

Fr. Juan Alejandro Gutiérrez Licea, OFM.

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