Tiempo Pascual 4° Domingo

29 de abril de 2012

Hermanos y hermanas:

En este día, cada uno de nosotros hemos decidido venir a disfrutar de la presencia de Dios en esta Santa Misa. La Santa Misa es una celebración en donde nos podemos encontrar con nuestro buen Dios de muchas maneras. Dios está con nosotros, en este momento, está presente aquí, ahora, en la presencia de nuestro sacerdote, en la presencia de quienes nos rodean, en aquel que está sentado a tu lado; Dios está presente en la presencia del coro que nos ayuda a alabar a Dios a través del canto, Dios está presente en cada uno de nosotros.

Sabemos que Dios nos habla de muchas formas. Una de ellas muy especial es a través de su Palabra. Este domingo estamos celebrando el Domingo de El Buen Pastor. Las lecturas que hemos escuchado nos hablan de la Persona de Jesús como un Pastor, pero no cualquier pastor.

En la segunda lectura hemos escuchado las siguientes palabras:
“Miren cuánto amor nos ha tenido el Padre, pues no sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos”. Y lo somos desde que recibimos el sacramento del Bautismo, sacramento a través del cual formamos parte de esta gran Iglesia, nuestra Iglesia Católica. Esta gran familia, esta asamblea, nosotros los aquí presentes somos hijos de Dios, hermanos de Jesucristo, herederos del Reino de los Cielos.

Hemos escuchado las siguientes palabras del Santo Evangelio:
“Yo soy el Buen Pastor, dice el Señor; yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí”.

Dios quiere que todos los hombres y mujeres del mundo lleguemos a la felicidad plena, a vivir con él, a contemplar su rostro, a participar del Banquete Celestial, a vivir como una sola familia, a vivir como un solo rebaño. Para llegar al Reino de los Cielos no estamos solos, Jesús, el Buen Pastor nos guía en nuestro caminar. Él nos conoce, a cada uno, por nuestro nombre, así de especial somos para él, que de entre millones y millones de personas Él te conoce a ti, sabe de tu vida, de tus anhelos, de tus necesidades, de tus triunfos, de tus alegrías.

Él nos conoce, pero hay una pregunta que debemos hacernos: ¿nosotros conocemos al verdadero Pastor? Tal vez sí, pero tal vez no lo suficiente. Por eso es necesario que como Católicos, como hijos de Dios nos ocupemos por aprender cada día un poco más sobre este Buen Pastor, sobre nuestro Buen Dios.
También en el Evangelio hemos escuchado las siguientes palabras: “Yo doy mi vida por las ovejas”. Él no solo nos conoce, sino que ha dado la vida por sus ovejas, ha dado la vida por ti y por mí, para que seamos libres, para el perdón de nuestros pecados.

Por eso ahora nos vuelve a decir el Señor que da su vida por nosotros. Para esto está presente en la Eucaristía, para ser nuestro alimento y nuestro mejor compañero, nuestro más grande amigo, nuestro más grande hermano, nuestro Buen Pastor. Sí, Jesús sigue vivo y sigue entregándonos su misma vida, para que a través de ella nos anime y nos impulse a ser sus discípulos fieles, a ser esas ovejas de su rebaño, a ser las ovejas que conocen su voz, que lo escuchan y lo siguen.

Entonces, en este día, Jesús nos invita a escuchar su voz, a ser de las ovejas que escuchan su voz. A que nos dejemos guiar por Él, por sus palabras, por su ejemplo de vida. El Buen Pastor nos invita a conocerle en profundidad, a escuchar su voz para no confundirla con otras voces que nos llevan por otras sendas. El Buen Pastor quiere hacer un solo rebaño, y le preocupan todas las ovejas, pero especialmente aquellas que están más alejadas del redil; tal vez tú y yo podamos ser esa oveja extraviada que se ha alejado del redil. Dejémonos encontrar por el Buen Pastor, dejémonos curar las heridas, dejémonos llenar de todo el amor que tiene para darnos, dejemos que nuestro Buen Jesús, este Buen Pastor, nos tome en sus brazos y nos lleve nuevamente al redil, a la Casa del Padre.

Fr. Félix Maldonado Reséndiz, OFM

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *