Tránsito del Hermano Francisco

TRÁNSITO DE SAN FRANCISCO DE ASÍS

Queridos hermanos:

En este misterio de la muerte, algo indeseable, algo inevitable. La muerte siempre es algo que nos espanta, nos da miedo, no queremos que llegue ni para nosotros ni para aquellos que queremos. A veces, y así debería ser siempre, ni siquiera para aquellos que no queremos. Así es de terrible la muerte.

La sagrada escritura en algunos pasajes da una visión hermosa de la muerte, diciendo que “la muerte del justo es bella”, que bella es la muerte del justo. Y es bella no porque sea algo deseable, sino porque se trata de un justo. Es fácil que aquello aborrecible, que aquello doloroso, aquello terrible adquiera una belleza. La muerte del justo es bella.

El justo es aquel que “ajusta” su vida a la voluntad divina. Ajustar, es decir, hace de su propia voluntad, de su propia vida que sea guiada, que se ajuste a la voluntad de Dios. Hace realidad eso que decimos continuamente en la oración del Padre Nuestro: “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”; él ajusta su vida a la voluntad divina. Es entonces cuando su vida es bella. Y como la muerte es transformación en la plenitud de la vida misma, entonces la muerte del justo es bella.

Este momento en que recordamos la muerte de nuestro padre hermano Francisco de Asís, nos lleva a este momento, sí de tristeza, de dolor, como dicen esos poemas, “hasta los lobos del bosque lloraron, cuando supieron que Juan, llamado Francisco, ya no estaba más entre nosotros”. Este momento tiene su color trágico, triste, doloroso, pero es bello. Como bella fue la vida toda de Francisco.

Hermanos, hermanas, este momento en que recordamos la muerte de este justo, es un momento de bendición. Uno de los frailes se acercó en esos momentos a Francisco y le pidió perdón por todas las cosas que fuera necesario perdonar; Francisco de Asís le dijo: perdono todo, y en cuanto puedo les absuelvo de las culpas que sea necesario perdonar, y además diles a todos cuando les cuentes de mi muerte, diles esto, y diles que los bendigo, a ustedes los presentes y a los que vengan después.

Esta belleza de la muerte de un justo es para nosotros un momento de bendición. Dios, por intercesión de nuestro hermano Francisco “dice bien de nosotros”, nos bendice. Y su palabra como palabra festiva es palabra que se hace realidad. El Tránsito, le momento de la muerte de Francisco nuestro hermano, es bendición; no solo para nosotros, también para la Iglesia entera, para el mundo entero.

Podríamos decir entonces, y con toda verdad desde el corazón, parafraseando un poco estas palabras del poema de nuestro querido padre: “El cántico de las criaturas”: Loado seas Señor, por nuestro hermano Francisco, por todo lo que hizo, por todo lo que dijo, por todo lo que nos ha enseñado, por todo lo que nos sigue enseñando. Loado seas Señor, por Francisco de Asís.

P. Fr. Jorge Frausto, OFM.

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