Los Reyes Magos

Los Santos Reyes

Desde Belén se oyen
los caballos a galope…

En las fértiles tierras del Bajío mexicano, en la última semana de diciembre y la primera de enero se siembra el trigo y se le da un buen riego para que la semilla pueda nacer. Dicen los que saben de siembras y cultivos: “El trabajo es que nazca la semilla, ya después, como quiera la cultivas”.

Pues en este trabajo del riego andaban don Jesús y Agripino, su hijo mayor, al que por cierto le pusieron ese nombre tan raro porque nació el 9 de noviembre y el calendario Galván claramente decía que era el día de San Agripino obispo de Nápoles y según decía la gente mayor, se debía poner a las criaturas el nombre del santo del día en que nacieron, porque el día del juicio Dios llamará a cada uno por dicho nombre y si no llevas el nombre de tu santo, correrás el riesgo de no saber a que hora te llamará Dios y podrías perder el premio eterno.

Aunque a decir verdad, en este caso, el nombre era lo de menos, pues todos lo conocían como Grepe.

Andaban pues don Jesús y Grepe regando un ecuaro en las tierras la Presa del Burrito. Era una noche fría, precisamente la noche entre el cinco y el seis de enero. No era pues una noche cualquiera, sino una noche cargada de inocencia, fantasía y esperanza. Era la noche de la llegada de los Santos Reyes, que cada año traen regalos a todos los niños bien portados.

En la humilde casa de don Jesús, al igual que en todas las casas, los niños se habían ido a dormir temprano, porque los Reyes, aunque generosos con los niños buenos, no les gusta que éstos los vean. Por eso los niños de don Jesús y doña Juana habían puesto sus ya muy gastados zapatos encima de un viejo costal de raspa en el portal de la casa, para indicar a los ilustres y misteriosos personajes el lugar donde debían dejar los regalos.

Varias veces uno de estos niños, que ciertamente no se había portado muy bien, se despertó durante las primeras horas de la noche con la impaciencia de ver qué le habían traído tan generosos personajes. Pero no se atrevió a levantarse para ir hasta el portal donde había puesto su zapato junto a los de sus hermanos. Finalmente el sueño le gano y se quedó profundamente dormido.

Otro día, cuando todavía no amanecía del todo, presurosos se levantaron los niños para revisar sus zapatos. Pero se llevaron una gran decepción: ¡Los zapatos estaban vacíos!, ninguno tenía regalo, ni siquiera un pequeño juguete…

Los niños se pusieron muy tristes, incrédulos se miraban unos a otros, no podían creer que los Santos Reyes no les hubieran traído algo.

Así pasaron las primeras horas de la mañana. Apenas probaron el almuerzo de frijoles, tortillas y atole de puzcua molido en metate, que su mamá les había preparado.

Serían ya las diez y media de la mañana cuando desvelados y cansados por haber trabajado en el riego toda la fría noche, llegaron a la casa don Jesús y Grepe. Ambos se extrañaron de ver a los niños tan tristes. Por eso Grepe, tomando muy en serio su papel de hermano mayor les preguntó:
-¿Y ahora que tienen? ¿Están regañados?

Los niños no dijeron nada, pero fue doña Juana la que intervino, diciendo:
-Están tristes porque los Santos Reyes no les trajeron nada, pero eso les pasa porque no se portan bien. Lo dijo con una cara que pretendía ser dura y severa pero que no lograba esconder su dulzura maternal.

Los niños seguían allí muy serios y muy tristes, la desilusión se podía leer en cada par de ojos.

Grepe les volvió a preguntar:
-¿Es por eso que están tristes?
Uno de ellos, el menor de todos, le contestó con voz quebrada por el sentimiento:
-¡No vinieron los Santos Reyes, y nosotros sí nos portamos bien!.

Grepe dirigió una tiernísima mirada a su hermano menor y dirigiéndose a todos sus pequeños hermanos les dijo:
-No se preocupen, los Santos Reyes saben que ustedes se portaron muy bien, lo que pasó fue que como tienen que visitar a todos los niños, pues se les acabaron los juguetes, y por eso no han llegado, pero sí van a venir.

Una luz de esperanza brilló en los ojos de los niños. Una de las niñas le preguntó, como para asegurarse que era cierto lo que acababa de escuchar ¿Y tú cómo sabes que van a venir?
-Porque ellos me dijeron que vendrían
-¿Tú los viste? preguntaron todos a coro, como si lo hubieran ensayado muchas veces.

-¡Claro que yo los vi!, y mi papá también los vio. Pasaron por el bordo de la Presa del Burrito ya casi en la madrugada, nosotros los vimos porque andábamos regando el trigo.
-¿Es cierto papá? ¿También usted los vio? preguntaron otra vez en coro.
-También yo los vi, hijos.

-¿Y usted habló con ellos? preguntaron por tercera vez
-Si hijos, yo hable con ellos.
-¿Y cómo son? preguntó el menor.

-Pues así como los que ponen en los nacimientos: con sus túnicas largas, sus coronas de reyes en la cabeza, sus barbas muy largas…

-¿Y traían sus camellos, sus elefantes y sus caballos? preguntó otra de las niñas
-Sí, y además traen también muchos ayudantes, pues como son reyes, tienen gente que les ayuda a cargar las cajas y los costales de los regalos.
-Pero ¿por qué no llegaron?

-Bueno, es que cuando pasaron por donde nosotros andábamos regando, nos preguntaron qué dónde estaba la casa de unos niños que se habían portado muy bien, y Grepe les dijo que siguieran por el camino y que una vez pasando el puente se podría ver la casa. Pero entonces uno de ellos el más negro le gritó al más güero:
¡Melchor, apúrate porque se nos hace tarde y todavía quedan muchos niños que visitar!

-Sí, Balta, contestó el otro. -Yo creo que el negro se ha de llamar Baltasar, pues ¿cómo le decían Balta?- Y el tercer rey, que no estaba ni tan prieto ni tan güero, y ni tan joven ni tan viejo les gritó:
¡Ya déjense de pláticas! y vámonos por otro viaje de regalos porque los juguetes que traíamos ya se nos acabaron, los costales y las cajas ya están vacíos y ya casi va a amanecer…

Don Jesús guardó silencio. Y nuevamente los niños en coro le preguntaron:
-¿Y luego?

-Y luego nada, entonces se desaparecieron, pero antes dijeron que volverían, que nomás iban a llenar otra vez sus costales…
Grepe volteo a ver a sus hermanos pequeños y les dijo:
-Estoy viendo que no nos creen, pero vengan, para que no crean que son mentiras.

-¿A dónde nos vas a llevar?
-Ustedes nomás síganme.

Salieron todos detrás de su hermano mayor, que con sus grandes zancadas pronto los dejó atrás, pero los niños, no de muy lejos, lo seguían llenos de curiosidad. Cruzaron el puente, y luego parte del monte hasta llegar al bordo de la presa del Burrito donde estaba el trigo recién regado. Entonces Grepe, que había llegado primero y que traía en sus manos una pala que había olvidado, les dijo:
-Miren, para que no crean que son puras mentiras lo que les hemos dicho mi papá y yo.

¡Efectivamente! Allí, en la tierra mojada, estaban bien marcadas las anchas y redondas patas de los elefantes, las grandes pezuñas de los camellos, las bien conocidas pisadas de los caballos y hasta unos pasojos de los animales en que viajan tan ilustres personajes.

Los ojos de los niños se habrían a más no poder y con sus pequeñas manos tocaban las huellas que los animales habían dejado bien marcadas en la tierra mojada. Había hasta un poco de rastrojo seco y pisoteado que, según pensaron ellos, había servido para que los animales ya cansados de caminar toda la noche, comieran mientras descansaban un rato.

Con una cara de satisfacción, como de quien ha logrado convencer a los demás, Grepe preguntó a sus hermanos:
-¿Ahora sí creen todo lo que les contamos?

Avergonzados por haber dudado de su papá y su hermano mayor, los niños bajaron la cabeza y dijeron
-¡No, pues sí es cierto!

-Pero ¿A qué horas van a venir?
-Eso no me lo dijeron. Pero de que vienen, vienen, contestó Grepe plenamente convencido.

Mientras tanto don Jesús y doña Juana se preparaban para irse al pueblo a hacer algunas compras. Cuando llegó Grepe con sus hermanos, don Jesús dijo:
-Su mamá y yo vamos a ir al pueblo a comprar el mandado y otras cosas que hacen falta. No vayan a andar de traviesos. Doña Juana, por su parte, agregó:
-Cuiden muy bien a la niña, ahorita venimos, no nos tardamos.

Don Jesús tomó su sombrero, doña Juana su rebozo y salieron presurosos de su humilde casa rumbo al llamado camino real para alcanzar el camión de las doce. El pueblo no estaba tan distante y unas horas después, tal y como lo habían dicho, doña Juana y don Jesús regresaron cargando las bolsas del mandado para toda la semana, aunque esta vez, a los niños le pareció que traían más bolsas que de costumbre.

Así transcurrió el resto del día, entre la impaciencia y la esperanza por la llegada de los Santos Reyes. Llegó la noche y los niños, nuevamente ilusionados, se fueron a dormir. Pero apenas se estaban quedando dormidos, cuando entró doña Juana al cuarto donde dormían y les dijo:
-¡Hijos, levántense pronto que ya llegaron los reyes! Los niños salieron presurosos al portal de la casa. ¡Así era en verdad! Encima de los viejos y desgastados zapatos estaban los pares de zapatos nuevos, algunas muñecas para las niñas, una troquita de lámina en relucientes colores azul y verde junto con un tractor de plástico de color rojo para el niño.

Tarde, pero los Reyes habían cumplido su promesa de llevar regalos a los niños que se portan bien, incluyendo a los que vivían allá lejos, en la Presa Grande.

Al mismo tiempo, no lejos de allí, los Santos Reyes y su grupo de ayudantes, se alejaban sigilosamente de la Presa Grande con rumbo al Oriente. Se les veía el cansancio en sus rostros, pero también la satisfacción del deber cumplido. Los sirvientes de los Reyes también iban contentos. Dos de ellos, en voz baja comentaban:
-Cada año está más duro el jale del reparto de juguetes -decía uno-.

-Sí, pero que bueno que cada año hay más niños que se portan bien -le contestaba su compañero-.

Un tercer ayudante tal vez más cansado y que por eso se iba quedando atrás gritó como para que todos lo escucharan:
-¡Sí! Y menos mal que allá en el Polo Norte vive un viejo gordo y barbón que nos echa la mano en Navidad. Y haciendo el ademán de agarrarse una gran barriga lanzó tremenda risotada: ¡Jo, Jo, Jo, Jo, Jo…!

Todos rieron y siguieron su camino cansados y felices.

P. Fr. Jorge Frausto Rodríguez, OFM.
Cd. Juárez, Diciembre del 2008.

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stanthonysseminary@hotmail.com

One Comment:

  1. Guaooo

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