Adviento 1er Domingo

REFLEXIÓN DOMINICAL
01 de Diciembre

Este tiempo, que estamos iniciando, tiene su origen en un ambiente pagano; se trataba de una preparación para la visita de un personaje importante, el Emperador. Se dice que las personas de su territorio, cuando sabían que iba a visitarlos el Emperador; comenzaban a preparar sus tierras, porque a su paso él las vería y si algunas le gustaba, pasarían a ser propiedad suya, con todo y la familia que las atendían y dejarían de pagar impuestos y serían alimentados, vestidos y atendidos como propiedad del emperador. Esta preparación se vivía en la alegría y con la esperanza de ser elegidos.

A partir de este domingo, la Liturgia nos propondrá lecturas que animan al cristiano a vivir en la Esperanza. El tinte de este tiempo se caracteriza por el color litúrgico morado, pero no de penitencia, si no de Espera gozosa, porque Dios visitará a su pueblo.

Las lectura que compartiremos en estas dos semanas tendrán un tono escatológico, es decir, nos hablará de esa segunda venida definitiva, así, el evangelista ubica, este pasaje del Evangelio, en el llamado discurso escatológico.

El profeta Isaías con un tono optimista nos alienta como pueblo de Dios, a vivir en su presencia, dice: “Casa de Jacob ven caminemos a la luz del Señor”.

Es muy interesante esta invitación, nos dice:“Caminemos a la luz del Señor”. Ese caminar a la luz del Señor, nos cuestiona, ¿Cómo se camina a la luz del Señor?

El tiempo presente es un reto para el cristiano, ante la injusticia de aquellos que tienen en sus manos las Leyes que rigen un pueblo, una nación, un estado, etc., vemos cómo se deshumanizan y se hace a un lado la dignidad humana y al mismo Dios; la ingratitud de aquellos que nos vemos favorecidos por nuestras condiciones; el olvido de Dios en nuestras familias y la desintegración de ellas por los medios de comunicación, por nuestra incoherencia, por la misma educación, o por grupos sociales que centran su atención en ideas egocéntricas y que viven sin respeto; la violencia y el desinterés por la vida. Desanimados por las contrariedades, remamos a favor de esta ola de infortunios y adversidades, porque nos vemos solos en este mundo.

Entonces dice para nosotros San Pablo en su carta a los Romanos 13, 11-14
“La noche está avanzada. El día se avecina. Desnudémonos pues de las obras de las tinieblas y vistámonos de las armas de la luz…”

La noche avanzada, se puede entender como ese momento difícil de nuestra historia; ahora, es el momento de retomar el camino, en los labios del Salmista, dirá para nosotros: “Vamos a la Casa del Señor”, levantemos la cabeza, “ya están pisando nuestros pies tus umbrales Jerusalén”.

Es aquí donde resuena la invitación de Jesús en el Evangelio de Mateo 24, 37-44 que nos recuerda que hemos de estar en vigilancia continua, es decir, con la actitud que nos propone la Iglesia de permanecer en ese diálogo continuo con Dios, a tendiendo las necesidades de los más hambrientos y sedientos de Justicia y de esa continua escucha de la voluntad de Dios.

El Evangelista además de darnos esta tarea, nos hace un reflejo con la generación de Noé antes del diluvio; nos dice: “Comían, bebían, tomaban mujer o marido y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio”; dicho de otra manera, en su vida ordinaria jamás escucharon ni tomaron en cuenta, que siempre es un buen motivo para ayudar, para dar gracias a Dios, para amar, para servir, en fin para ser feliz.

Fijémonos cómo el Señor nos dice: “de dos que estén juntos uno será dejado y el otro tomado” y “de dos que estén moliendo una será tomada y la otra dejada”.

Este juego de palabras se presenta en una forma antagónica. El vigilante, al igual que aquellas vírgenes prudentes, será tomado e irá a celebrar la gran fiesta del Señor; pero los que no estén preparados, serán dejados, es decir, no gozaran de la felicidad eterna.

Algo que también podemos notar es que se encuentra en una sección “de Parábolas”, es decir, con un lenguaje figurado, pero que no es ajeno a nosotros, reconocemos la invitación y las líneas de acción que son propias de la caridad y de la escucha de la voluntad de Dios.

Así pues preparemos el camino del Señor, embellezcamos nuestra vida con las obras del amor de Dios y revistámonos con el Amor de Dios, estemos atentos a ese imperativo del “Velar” para ser tomados por el Señor y celebrar la gran fiesta de su retorno glorioso de Dios.

Fr. Juan Daniel Hernández, ofm

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