El Bautismo del Señor

Domingo 13 de enero

No solamente este país, sino también algunos otros han invertido mucho, mucho dinero, mucho esfuerzo, mucho tiempo para enviar algunos aparatos que puedan investigar, examinar la superficie de otros planetas lejanos. Nos informan de algunas cosas como que en tal planeta es posible que exista agua. Pero si es tan importante encontrar agua en esos lugares tan distantes, dicen que donde haya agua es muy posible, casi seguro, que pueda haber vida.

Creo que algunos habremos escuchado esta expresión: “el agua es la vida”, y en verdad así es. Pero ciertamente también el agua es causa de muerte. Si hacemos un poco de memoria recordaremos que hace algunos años aquel desastre en las costas de Japón por un tsunami, una ola gigantesca que provocó muchas muertes. Recordemos el pasaje bíblico del diluvio, y que muchas culturas antiguas en sus tradiciones tienen el relato de una ocasión que llovió tremendamente y que la lluvia prácticamente acabó con la vida. Así como el agua es la vida, también es causa de muerte.

Esto nos puede ayudar a entender lo que estamos celebrando hoy: “El Bautismo del Señor”, en él nuestro propio bautismo. La palabra bautismo es muy interesante, tiene estos dos sentidos. vida y muerte. Escuchamos en el Evangelio que Juan el bautista bautizaba en el río, era entonces un bautismo por inmersión, sumergirse completamente bajo el agua. Eso significa bautizar, ser sumergido en el agua. Este es el sentido entonces de ser bautizado. San Pablo lo dirá en un pasaje: Si hemos muerto con Cristo, viviremos con Él. En el bautismo morimos con Cristo y resucitamos con Él.

No sé si alguno de ustedes se haya preguntado el cómo fue el día en que fueron bautizados. El día de nuestro bautismo es un día importantísimo en nuestra vida, es el día en que resucitamos con Cristo, es el día en que morimos con Él para resucitar con Él.

El papa Benedicto lo dice de un amanera preciosa, con una brillantez y la asistencia única del Espíritu. Dice que el bautismo es “la puerta de la Fe”. Sin el bautismo no entramos a la fe, y sin la fe no hay salvación. Por eso deberíamos conocer el cómo fue con algún detalle, y hasta donde nos fuera posible, cómo fue aquel día de nuestro bautismo.

Si nos metemos en ese día a lo mejor nos vamos a decepcionar porque no pasó casi nada. Llevaron un muchachito, una muchachita a la pila bautismal, el padrecito le puso agua y le puso un nombre; si había un poquito de dinero se hizo una fiestecita, a lo mejor ni eso. Pero eso es lo que pudimos ver, lo que nos pueden contar.

Pero seguramente ese día en que fuimos bautizados, de la manera más sencilla, la más pobrecita la más humilde, o a lo mejor la más grandiosa, la más festiva; ese día el Señor Dios volvió a hacer seguramente lo mismo que aquel día realizó cuando se bautizó nuestro Señor Jesucristo: miró desde el cielo y nos vio allí siendo bautizados y seguramente dijo otra vez: éste, éste que se bautiza, éste que recibe el agua, éste es mi hijo muy amado, en éste que se bautiza quiero tener mis complacencias; es como si dijera: éste es mi hijo consentido, como éste no hay otro. Y mandó su Espíritu, al que nadie vio, pero lo envió, y este Espíritu de Dios sigue estando en nosotros por el sacramento del bautismo.

Agradezcamos pues hermanos, al Señor Dios, agradezcamos a nuestros padres que tuvieron esa bondad para nosotros, bautizándonos. Es una verdadera tontería aquél que dice: a mí no me pidieron permiso para bautizarme. Pero tampoco te pidieron permiso para llevarte al médico cuando te enfermaste y lo hicieron; tampoco te pidieron permiso para alimentarte y te alimentaron. Si tus padres te bautizaron fue porque veían que era una cosa buena, un signo de amor, de caridad, el don de Dios para ti y tuvieron buen cuidado de llevarte a bautizar.

Agradezcamos a nuestros padres, a nuestros padrinos, agradezcamos al padrecito que nos bautizó. Es un don inmerecido, es pura gracia, es puro amor, no solo de Dios, también de aquellos que, al ser nosotros niños indefensos, nos quisieron hacer ese grandísimo regalo.

Hoy que es el día en que celebramos el bautismo de Jesucristo, también es el día en que debemos de recordar esta gracia, este sacramento, esta puerta de nuestra fe, esta puerta de nuestra salvación.

P. Fr. Jorge Frausto Rodríguez, OFM.

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