Novena a San Antonio Día Séptimo

EL AMIGO INSISTENTE

Lc 11, 5-13

«Jesús agregó: “Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: “Amigo, préstame tres panes, porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle”, y desde adentro él le responde: “No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos”.

Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario. También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá. ¿Hay algún padre entre ustedes que dé a su hijo una serpiente cuando le pide un pescado? ¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión?

Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan!”. »

Palabra del Señor.

Según San Antonio, en este evangelio hemos de poner nuestra atención a seis cosas: El amigo, la noche, los tres panes, el amigo viajero, la puerta, y los niños.

-El amigo:
Dice san Antonio que la palabra amigo, en latín amicus, significa ánimi custos, es decir: custodio del alma, aquel que cuida nuestra vida. Este amigo es entonces una clara alusión a Jesucristo. Para explicar esto, san Antonio cita un pasaje del libro del eclesiástico 6, 14-15 y 9, 11 en el que se puede leer: No abandones al viejo amigo, porque el nuevo no es igual a él. El amigo viejo, el amigo de siempre es Jesucristo mientras que el amigo nuevo, dice san Antonio, es el diablo. El verdadero amigo es pues Jesucristo que nos amó tanto que dio su vida por nosotros. Y agrega: Piensa que gran amigo sería aquel que si te viera en peligro de muerte asumiera tu lugar en la enfermedad muriera por ti.

Para ilustrar eso San Antonio recurre a una creencia popular de de su tiempo según la cual cuando una persona estaba enferma y se quería saber si había esperanzas de que se curara, se le acercaba una alondra blanca y si ésta fijaba en la persona enferma fijamente la mirada, era señal de que la persona sanaría. Dice San Antonio: El ave se acerca al rostro del enfermo, absorbe y toma sobre sí su enfermedad, después vuela y revolotea sobre los aires y allí entre los rayos del sol la destruye. Esta alondra es figura de Jesucristo que con sus ojos de misericordia miro fijamente la género humano enfermo por el pecado, se nos acercó, tomó nuestras dolencias, subió sobre la cruz, y allí en el fuego ardiente de su dolorosa pasión destruyó nuestros pecados.

-La noche:
Dice san Antonio que la noche es llamada así porque daña los ojos (en latín hay semejanza entre nox, noche y nócet, dañar). Es un símbolo de la tribulación, o de la tentación, de la tristeza y la angustia. Los grandes místicos hablan de la noche oscura para referirse a los momentos de aridez espiritual. La noche es la ausencia de luz, es el no poder distinguir las formas, la noche la obscuridad que prefieren los que hacen el mal.

-Los tres panes:
Es en la noche, de la tribulación y la angustia cuando se debe recurrir a Cristo-amigo, y decirle: Amigo, préstame tres panes. Los tres panes simbolizan la gracia del arrepentimiento y la conversión: El primer pan es el reconocimiento de la propia fragilidad y la propia malicia; el segundo pan es el recordar que vivimos como desterrados en este mundo (desterrados hijos de Eva…gimiendo y llorando es este valle de lágrimas), el tercer pan es la contemplación del Creador. Estos tres panes son prestados, no son regalados, por lo que se tienen que devolver. Todo lo que recibimos es gracia de Dios y a él debemos restituirlo. Cuando no lo restituimos somos ladrones del tesoro de Dios, dice Francisco de Asís.

-El amigo viajero:
Este amigo que viene de viaje, es nuestra propia alma que casa vez que se aplica desordenadamente a las cosas temporales se aleja de nosotros, pero retorna cuando, aún en medio de la noche de las tribulaciones, la angustia y la tentación, medita en las verdades eternas y anhela nutrirse con el alimento espiritual.

-La puerta cerrada:
El hombre está afuera en el corazón de la noche, la noche de la angustia y la tentación, de la absoluta necesidad de pan, delante de él solamente encuentra una puerta cerrada. Llama y oye que le responden: No me molestes, la puerta está cerrada.

En el Deuteronomio 28, 23-24 leemos algo semejante: El cielo que está por encima de ti sea de bronce y la tierra que pisas de hierro. Que el Señor envíe a tu tierra como lluvia el polvo y del cielo descienda sobre ti la ceniza hasta que seas aplastada. Dice san Antonio: La puerta está cerrada y el cielo se torna de bronce cuando la gracia divina no ilumina la mente del hombre; cuando la oración del hombre no penetra hasta el cielo.

A la tierra se le da el polvo en lugar de la lluvia cuando, cuando en lugar de las lágrimas de arrepentimiento se le da a la pobre alma el polvo de pensamientos inútiles y frívolos que lo ciegan. Y cae sobre ella la ceniza cuando busca sólo las cosas caducas que la atormentan y aplastan.

Pero si la puerta de la gracia está cerrada sólo es para estimularnos a implorar y suplicar y nunca para desesperarnos.

– Los niños.
Los niños que están dormidos con el dueño de la casa son los ángeles que están al servicio de Dios. A este respecto dice Hb 1,-14: ¿No están todos esos espíritus encargados de un ministerio, enviados para servir a los que serán herederos de la salvación? Por lo tanto hay que insistir tocando la puerta.

Por eso -concluye san Antonio- para que nuestra alma convertida de la vanidad no languidezca, es decir, no padezca hambre o necesidad alguna, pidamos los panes, busquemos un amigo que nos los preste y llamemos a la puerta donde están escondidos. El amigo se levantará a causa de nuestra insistencia, porque el trabajo tenaz vence todas las dificultades y nos dará los panes, cuantos fueren necesarios, aunque no siempre los que nosotros quisiéramos.

P. Fr. Jorge Frausto, OFM.

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