Novena a San Antonio Día Sexto

LA RESURRECCIÓN DEL HIJO
DE LA VIUDA DE NAÍM

Hermanos:

Continuamos con este novenario de preparación para la fiesta de San Antonio de Padua, insigne predicador del Evangelio. El día de hoy, nuestra reflexión gira en torno al mismo Evangelio de este domingo, la resurrección del hijo de la viuda de Naím.

Jesús, que compadecido de aquella mujer que ante la muerte de su hijo se quedaba sola, la mira con amor, y no solo siente compasión, sino que hace algo muy concreto, le devuelve la vida al hijo y con ello la alegría y las mismas ganas de vivir a su madre. Se aplica muy bien el dicho que dice: nadie da lo que no tiene. Los que acompañaban a la viuda no podían dar más que lágrimas y quizá palabras de consuelo, pero no la vida, no podían remediar la situación por la que pasaba la viuda. Pero con Jesús es diferente, él da lo que tiene y esto es la vida misma. Jesús que devuelve la vida a aquel hombre que es el sustento y el apoyo de su madre, lo arranca del poder de la muerte y de la corrupción para que vuelva a la vida y alegre a su madre.

La compasión de Jesús por el ser humano no se queda solo en un sentimiento, sino que mira a una acción muy concreta, liberarlo de la muerte, no tanto una muerte física, sino una muerte espiritual, causada por el pecado, por la ausencia de Dios en la vida del hombre, ausencia que el hombre mismo provoca.

San Antonio, en el sermón que hemos escuchado pone de manifiesto cuatro actitudes que dan la muerte, que apartan de Dios:

Cuando el muerto es llevado por tierra, esto es cuando solo piensa en cosas terrenales. Desviando su mirada del Reino de Dios al cual está llamado y en el cual está la felicidad plena, pero el materialismo y el egoísmo lo llevan a mirar solo las cosas terrenales.

Es llevado por el agua, cuando solo piensa en la lujuria. Cuando el placer egoísta, el solo satisfacerse a sí mismo, el tratar a los demás como objetos, apartan al hombre de Dios, volviéndose un ser utilitarista y centrado solo en sí mismo.

Es llevado por el aire, cuando hace todo por la alabanza humana. La vanagloria hunde al hombre, la soberbia le impide ver que todo nos ha sido dado por Dios y que es a ÉL a quien debemos lo que somos y tenemos.

En fin, es llevado por el fuego, cuando se inflama de ira. Porque la ira le impide ver al otro como hermano, le impide la caridad y le hace ser una persona déspota e intolerable. Pero ante el pecado del hombre, ante su abismo de muerte el Señor Jesús tiene compasión de él y lo rescata, le ofrece la vida.

Ante la mediocridad, ante la muerte que podamos estar viviendo, el Señor nos mira compasivo y nos tiende su mano, para liberarnos, para devolvernos a la vida, el mismo san Antonio nos da una explicación de cómo podemos salir de esta muerte:
“El pecador debe alzarse, alzarse del pecado, execrándolo y detestándolo. Debe humillarse en la contrición del corazón. Debe hablar en la confesión. Y así el Señor lo restituirá a su madre, o sea, a la gracia del Espíritu Santo.

Que por intercesión de San Antonio, abramos nuestro corazón al Señor y dejemos que nos levante de la muerte en la que muchas veces nos encontramos a causa de nuestros vicios y pecados, pero que el por su amor nos libra de ellos y nos devuelve a la vida.

Fr. Alonso Piñón Ruelas, OFM.

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