Novena a San Antonio Día Primero

EL SANTO DE TODOS

Queridos hermanos y hermanas:

El día de hoy iniciamos este novenario en honor a San Antonio de Padua, quien fue llamado por el Papa León XIII, el “santo de todo el mundo”.

Recordemos que Antonio de Padua nació en Lisboa en 1191 y que entró con los Canónigos regulares de san Agustín respondiendo al llamado que Dios le hacía a la vida sacerdotal. Impresionado por la vista de los restos de los 5 protomártires de la Orden Franciscana pidió el ingreso a la Orden de los Hermanos Menores en el año de 1220 para predicar a los sarracenos e infieles.

Para algunos San Antonio de Padua es el santo más efectivo para hacer milagros, el mejor para encontrar las cosas perdidas, para otros el mejor que escucha cuando lo ponen de cabeza. Quizá sea el santo más famoso y popular de toda la Iglesia, pero es desconocido por su predicación de la Palabra de Dios durante la época medieval.

Acabamos de escuchar un fragmento del sermón del “santo de todos” en el que nos pone de ejemplo que el Reino de los cielos es como una boda a la que nosotros somos invitados, y especifica cómo a pesar del tiempo la boda se celebró, se sigue celebrando y se celebrará a lo largo de nuestra historia personal y de la Iglesia.

Los tres tipos de boda son: el reflejo de la encarnación de nuestro Señor Jesucristo, la unión de nuestra alma pecadora que se arrepiente y convierte, y el encuentro que se dará cuando la Iglesia se reúna de nuevo con su amado el día del juicio.

Este sermón nos pone en contacto con la Palabra de Dios; nos lleva a acercarnos a la enseñanza del propio Cristo por medio de sus parábolas. Hemos escuchado la parábola de las bodas, en la cual se nos da ejemplo de que el banquete nupcial es la alegría de disfrutar la salvación dada por el Hijo de Dios, ya que el hijo del Rey es el mismo Cristo, los enviados son los profetas y los apóstoles; y los invitados, cada uno de nosotros, que de acuerdo a nuestra condición y estilo de vida vestimos el traje de las obras de justicia que acompañan la fe que profesamos.

Como lo dice San Antonio al principio de su sermón, la boda es la unión de dos personas… y para concluir o consumar este negocio, o sea, el matrimonio, es necesario la ayuda de intercesores que con sus oraciones logran obtener lo que piden para el bien de estas dos personas. Tengamos la seguridad que en Antonio de Padua tenemos un intercesor en el cielo, el cual ruega a Dios para que valoremos, cada día más, el misterio de la Encarnación; misterio por el cual el propio Dios unió a su Hijo a nuestra naturaleza para alcanzarnos la redención; para que nos unamos más al Espíritu del Señor, reconozcamos nuestros pecados y experimentemos la conversión de nuestros errores. Tengamos la confianza que san Antonio intercede por nosotros, para que tengamos la esperanza de unirnos como Iglesia al Esposo que regresará, Jesucristo.

Roguemos al Señor para que lleguemos a las bodas de la encarnación con la fe y la humildad y que nos haga celebrar las bodas de la penitencia, para que después podamos participar de las bodas de la Gloria Celestial.

Fr. César Augusto Escamilla H, OFM

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