Novena a San Francisco – Día octavo

CONFIRMACIÓN DE LA FORMA DE VIDA

Hermanos y hermanas, hemos celebrado este novenario día tras día en el cual hemos meditado algunos aspectos de la vida de nuestro adre San Francisco; estos aspectos que nos muestran a Francisco, cómo fue su camino de conversión, cómo fue du camino de santidad al encuentro del Señor.

Recordando alguno de los temas que vimos el segundo día vimos cuando Francisco quería ser caballero, se había enrolado en el ejército para obtener ese título, entonces el Señor le cuestiona: Francisco, ¿quieres servir al Señor o al siervo? Otro de los días los días meditamos cuando Francisco está ante el Cristo de San Damián y Dios le encarga reparar su Iglesia. Otro de los días escuchamos sobre cuando Francisco renuncia a todo, a sus bienes, a sus padres y proclama como único padre a Dios que está en los cielos; y así de varios aspectos de la vida de San Francisco, a través de la voz de nuestros hermanos franciscanos.

Este día, como último del novenario, veamos la aprobación de la Forma de Vida y la Regla de nuestro Padre Francisco. Aprobada por el Papa Honorio III. Francisco va a Roma y se entrevista con el Papa, quien se sorprende de la forma de vida que viven esos hombres (Francisco y sus hermanos), quienes dejándolo todo viven la vida de Cristo Pobre y Crucificado. El Papa aprueba su forma de vida y les da la bendición.

Vemos que en la vida de Francisco Dios le va marcando el camino que él va recorriendo, el camino espiritual. En este sentido Francisco se siente miembro de una Iglesia, de la Iglesia de Cristo.

Francisco vive el Evangelio en su momento de vida y transforma el interior de la Iglesia, su forma de mirar la realidad. Francisco alcanza a ver la riqueza de la Iglesia, que es la riqueza espiritual. Escuchamos en el Evangelio de san Mateo cuando Jesús se presenta ante los discípulos y les dice: vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio, bautícenlos, yo estaré con ustedes hasta el fin de los tiempos. Esto es lo que descubre Francisco en la Iglesia.

Francisco descubre que la Iglesia tiene a Cristo, tiene al Hijo de Dios, pero no lo mira como en las imágenes de aquel entonces: Cristos coronados, con centros, con capas. Francisco descubre que la Iglesia tiene a Jesucristo pobre, humilde y crucificado. Esta es la riqueza de la Iglesia, que el Hijo de Dios nació pobre, en una familia pobre, vivió pobre, renunció a todo y murió pobre en la Cruz. Ésta es la Iglesia que nuestro Padre san Francisco alcanzó a ver en su momento de vida. Francisco al ver a Cristo pobre y crucificado en la Iglesia dice: yo quiero seguir a ese Cristo pobre y crucificado, y ¿dónde lo encontró? En el Evangelio.

Francisco encuentra a Cristo en la Iglesia pobre, donde están los marginados, los leprosos, los que no tienen bienes, los que sufren a causa de las guerras; y Francisco se dice para sí, la iglesia rica puede ayudar a la iglesia pobre. Francisco se siente miembro de la Iglesia.

Francisco se siente miembro de la Iglesia pero también es un gran reformador de la Iglesia. Pero Francisco comienza su reforma primero en él mismo, entre los pobres. Empieza a atender a los leprosos, a pedir limosna para dar de comer a los más pobres.

Francisco repara la Iglesia de San Damián y allí es una iglesia pobre y acerca a Dios a los pobres, aquellos que ocupaban los últimos lugares en las iglesias por el estatus social. Francisco hace que la iglesia sea para todos. Una iglesia donde no hay divisiones de clases sociales, una iglesia donde todos somos hijos de Dios.

Francisco da la propuesta de una iglesia que se alimenta de la Palabra de Dios. Gracias al Concilio Vaticano II tenemos más acceso a la Sagrada Escritura, la podemos tener en casa, la podemos escuchar ampliamente en las celebraciones de los Sacramentos; en fin, la Palabra de Dios está al alcance de todo el que quiera escuchar la voz de Dios.

Francisco también nos deja ver una Iglesia misionera. Nos descubre esta cara de la iglesia. Francisco no se deja los frailes para él, para vivir todos en el templo de San Damián o en la Porciúncula; les dice a sus hermanos: vayan y prediquen el Evangelio. Estamos llamados a ser una Iglesia misionera, no una iglesia que se queda dentro de un edificio; sino una iglesia que escucha la Palabra de Dios, que se alimenta del cuerpo de Cristo pero que sale a proclamar que ese Hijo de Dios que ha muerto, está vivo, está resucitado y que a todos nosotros nos hermana.

Queridos hermanos, llevémonos en el corazón todos estas reflexiones que los hermanos hemos compartido en esta novena para que sean luces para vivir nuestra vida, nuestra vida como hijos de Dios; en cuanto a nosotros los frailes el ser fieles en nuestra forma de vida como religiosos, fieles al carisma de San Francisco. A los hermanos terciarios que también estén a la escucha del mensaje de Francisco en sus vidas. Así es el camino que nos da nuestro Padre San Francisco, lleno de luces hacia nuestro Padre Dios.

Dios nos de licencia de celebrar mañana el Tránsito y el día 04 la Solemnidad de nuestro Padre San Francisco y de lo que aprendimos llevarlo a nuestra vida, en nuestro entorno social, en nuestra fraternidad, en nuestra familia.

Fr. Orlando Gómez, ofm.

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