Novena a San Francisco – Día pimero

COMIENZA A AYUDAR AL PROJIMO

Bienvenidos sean todos ustedes a este primer día del novenario en el que honramos a nuestro fundador, San Francisco de Asís.

Como escuchamos en la “Leyenda de los tres compañeros” de los escritos del seráfico Francisco un poco sobre la vida de este hombre de Dios.

Nació en Asís, Italia. Sus padres fueron la Señora Pica y Pedro Bernardone. Pero les quiero preguntar, cuando nace un bebé ¿qué es lo que podemos saber de él? ¿Sabemos el cómo será su carácter? ¿Si estudiará alguna profesión? ¿Irá a contraer matrimonio? ¿Será un buen cristiano? Pues creo que no.

Pero imaginemos a los papás de Francisco. Seguramente cuando lo tuvieron en sus brazos esperaban lo mejor de él, desearon un futuro prominente para su hijo, seguramente pensaron en ayudarle a crecer en la fe. Imagino yo que ellos recibieron con gran gusto la llegada de su hijo Francisco, y lo recibieron con el amor que solo quienes son papás pueden amar en esa intensidad.

Pero de algo si podemos estar seguros cuando nace un nuevo ser. Que Dios le ha colocado una semilla en su corazón, esa semilla se llama “vocación”; y es a través de el descubrir de su vocación que podrá llegar desarrollarse como una gran persona, como la persona que la que Dios ha pensado para su vida, como la mejor persona que puede llegar a ser.

Cuando entramos a alguna iglesia o templo católico, ¿qué podemos encontrar allí? Un altar, el presbiterio, confesionarios, el Sagrario, pero lo que en casi todos los templos católicos hay son imágenes de los santos de Dios. Pero quiero preguntarte, cuando miras la imagen del santo de tu devoción ¿qué miras en él? ¿qué es lo que se mueve en tu interior?

Les quiero compartir que en una ocasión, leyendo el libro de “Historia de un alma” de santa Teresita del niño Jesús, leía un pensamiento de ella que decía más o menos así: -cuando veo a los santos, me doy cuenta que hay un abismo tan grande entre ellos y yo, como si ellos estuvieran en la punta de una gran montaña y yo a los pies de la montaña-. Y entonces pensé, me pasa lo mismo, y es verdad, cuando veo a los santos de Dios me siento tan pequeño, tan frágil, tan falto de crecer; pero Dios en su palabra nos dice que seamos santos como Él es Santo, eso quiere decir que es posible ser santo, pues Dios nos pide siempre aquello que podemos lograr.

Cuando miro la imagen de San Francisco de Asís, lo veo y lo miro como un triunfador, porque él ya ha llegado a la meta. San Francisco se hizo dócil a la voz de Dios, pudo poco a poco descubrir su vocación, pudo llegar a ser la persona que Dios quería que fuera, se convirtió en la mejor persona que pudo llegar a ser. ¿Se imaginan? Llegar a ser la mejor persona en la que uno se puede convertir, es decir, llegar a ser santo.

En los escritos de San Francisco escuchamos también que Francisco, cuando joven, compartía su dinero con sus amigos en fiestas, parrandas, comidas, ropa. Pero poco a poco Dios fue cambiando su mirada. En su camino Dios puso a personas muy pobres con quienes sintió el impulso de ayudarles, entonces les regalaba ropa, dinero, telas de las que vendía su padre. Entonces poco a poco dios lo fue guiando a mirar diferente. Ya no solo compartía lo suyo con aquellos que le podían devolver los favores; ahora compartía lo suyo con aquellos que no podían devolverle su ayuda material. Sin embargo sí le ayudaban a transformar su corazón, poco a poco le fue cambiando interior en una mejor persona.

En el Evangelio escuchamos aquel relato en donde una persona importante quería seguir a Jesús, a quien Jesús le dijo: debes cumplir los mandamientos de Dios. Pero este personaje importante ya cumplía los mandamientos de Dios, eso nos deja ver que era una buena persona. Entonces Jesús le dirigió nuevamente la palabra diciéndole que solo le faltaba una cosa: que vendiera todas sus riquezas y lo repartiera entre los pobres y entonces obtendría un tesoro en el cielo. Pero esta persona aún tenía su corazón dividido y no pudo hacerlo. Le faltaba crecer todavía para dar ese gran paso.

San Francisco vivió un proceso de conversión a través de pasos, de momentos. Poco a poco fue siendo capaz de no ensimismarse, su mirada se dirigió a los necesitados, al nosotros, a la relación con el prójimo, con los pobres. Y así se propuso de corazón no negar nada a quien le pidiera algo por amor de tan gran Señor.

Hermanos, así como el pobrecillo de Asís fue dando pasos concretos en su proceso de conversión, así estamos llamados nosotros para avanzar en nuestro camino de vida, para tomar en nuestras manos nuestra vocación e ir creciendo para alcanzar la estatura que Dios ha pensado para nosotros, para poder llegar a ser la mejor persona que podamos ser, es decir, llegar a ser santos de Dios.

Fr. Félix Maldonado Reséndiz, ofm.

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