Novena a San Francisco – Día segundo

ESCUCHANDO LA VOZ DE DIOS

Hemos escuchado una lectura de San Francisco tomado del libro de “los Tres compañeros”.

Estamos en la presencia de Dios reunidos aquí en esta capilla, dándole gracias por la jornada del día que estamos por terminar en este novenario de preparación.

Hemos escuchado un pasaje muy bello de San Francisco de Asís. Yo lo considero como el punto de partida de su conversión y el punto de partida de su vida evangélica.

Hay algunos puntos que me llaman mucho la atención. La frase explicativa que dice: que Francisco fue visitado por el Señor. Esto se le manifiesta a través de visiones, sueños y momentos espirituales que Dios le concede. Imagínense ustedes ser visitados por el Señor.

Estamos en un contexto en el que Francisco ya había sido prisionero después de una lucha que tuvo en la guerra. Francisco tenía aspiración de llegar a ser nombrado caballero y servir al Rey, ser alguien reconocido en la sociedad, el tener riquezas, una posición de reconocimiento en la sociedad.

El siguiente punto que se me hace hermoso y muy ilustrativo, que en la segunda visión que tiene, se vuelve hacia sí mismo y se pone a contemplar sobre la voluntad del Señor.

Recreemos estas escenas que les he mencionado. El encuentro con el Señor, las visiones que tiene y el hacerse sumiso a la voluntad del Señor.

Imagínense a Francisco ciertamente derrotado, vencido por esa cautividad que vivió en la prisión; como les decía hace un momento, no ha de ser nada grato estar en una prisión. Pero esta es una preparación que tiene Francisco para acoger y prestar atención a la voz de Dios. Lo podemos traducir a estas sencillas palabras: al momento de tener aquella visión medio adormilada de “Francisco, ¿a quién quieres servir, al Señor o al Siervo?”

Ya más adelante en su vida, Francisco, después de una serie momentos de reflexión, le dice al Señor: “Señor, ¿qué quieres que haga?”. Y el Señor le dice: vuelve a tu tierra, allí se te dirá lo que has de hacer para comprender la misión que te he de dar.

Recordemos las cosa que tenía Francisco, las aspiraciones que tenía en mente para cumplir, ser un hombre grande, un hombre magnífico, un hombre conocido por todos por las proezas que pudo haber realizado como caballero. Sin embargo comienza a justarse a la voluntad del Señor.

El texto nos relata elementos importantes de la época medieval a los cuales Francisco aspiraba. Por ejemplo, un palacio, y más adelante, en la conversión de Francisco, este palacio lo podemos traducir como la Iglesia que es reformada por su ejemplo de vida.

Vemos otro elemento que son los trofeos, esos trofeos que tiene Francisco son precisamente sus llagas. Una esposa, la dama pobreza. Y finalmente unos siervos, que somos todos nosotros, todos los que seguimos a Francisco: la familia franciscana, la primera Orden, la segunda Orden, la tercera Orden; es decir, la familia franciscana y los amigos de San Francisco. Vemos entonces en san Francisco de Asís una figura de escucha a la voluntad de Dios.

Posteriormente lo va a profundizar más, lo va a llevar a su culmen por medio de Jesucristo pobre y crucificado, pero también resucitado.

Queridos hermanos, que la figura de Francisco nos deje el día de hoy, a través de estos momentos de su vida, un ejemplo de vida para nuestra vida. Para ser servidores de Dios en nuestra sociedad, comunidad, familia y nuestra fraternidad. Así poder disfrutar de la gloria del señor y la vida venidera.

Fr. César Augusto Escamilla, ofm.

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