Novena a San Francisco – Día séptimo

AHORA SÓLO DIRÉ:
PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN EL CIELO

Hermanos y hermanas, en este séptimo día de la novena, veremos cómo Francisco de Asís capta perfectamente la oración que Jesús propone a sus discípulos.

En Mt, 6, 7-15 Jesús nos presenta una nueva forma de hacer oración, en donde distingue entre la oración pagana y la oración cristiana. Jesús exhorta a sus discípulos a no ser como los paganos, que a costa de mucho hablar eran escuchados, pero, con esto Jesús no está prohibiendo las oraciones largas, ya que Él mismo practicaba, por ejemplo, cuando se retiraba a orar durante la noche, tampoco prohíbe la repetición de las mismas palabras en el momento de la oración, tal como Él lo hizo en el hurto de los olivos. Por tanto, lo que Jesús descalifica es la falta de conciencia que tenían los paganos de sus dioses, es decir, los dioses no sabían lo que tenían y de ahí sus largas y repetidas oraciones para ser escuchados.

Entonces lo que pide Jesús es que sólo reconozcamos nuestras miserias delante del Padre que ya sabe lo que somos y tenemos antes de que se lo digamos, que confesemos el poder y el amor del Padre hacia nosotros y finalmente que seamos agradecidos, que por su gran misericordia atiende a nuestras súplicas. Y enseña cómo debe ser la verdadera oración: el Padre Nuestro.

El Modelo de oración, que Jesús nos presenta, primeramente nos invita a poner la mirada sólo en Dios, un Dios al que podemos llamar Padre con la misma confianza que Jesús, y, en donde también expresamos nuestro deseo de que venga el reino, es decir, de que se cumpla plenamente el anuncio de Jesús, porque es como se reconocerá la santidad de Dios-Padre.

También nos invita a pedir solo aquellas cosas que son necesarias para vivir, es decir el sustento, el perdón y la protección divina ante la tentación de abandonar el camino del seguimiento.

Jesús, como para completar la oración, nos insiste sobre el perdón hacia los hermanos como queriendo decir que El Padre quiere ver a sus hijos reconciliados y así formar una familia en donde el Padre inunde su amor.

Es pues, este modelo de oración con el que fue inundado Francisco hasta el extremo de convertirse en un hombre hecho oración. Esto gracias a que supo reconocer delante de Dios lo que él era en realidad, una criatura frágil necesitada de de Dios. Es por eso que sus biógrafos nos cuentan que en sus largas oraciones no cesaba de reconocer su miseria y su pecado, pero que a la vez se inundaba del amor divino y con esta experiencia de amor salía como un hombre nuevo para vivir con lo necesario y ser un verdadero hermano de todos reconociendo que todos somos hermanos e hijos de un mismo Padre.

Ágamos caso, pues, hermanos y hermanas a la invitación que Jesús nos hace, la cual consiste en no decir palabras bacías, sino palabras que nos ayuden a reconocer delante de Dios lo que somos y desde ahí reconocer que su amor de Padre es grande y misericordioso y, finalmente en ser agradecidos con lo que el Padre nos da gratuitamente.

Que la intercesión de San Francisco nos ayude a encarnar la oración en nuestras personas para que, a ejemplo de él, podamos decir con toda confianza: “Ahora solo diré Padre Nuestro que estás en el cielo”.

Fr. Juan Santos, ofm

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