Novena a San Francisco – Día sexto

EL LLAMADO

Al estar reflexionando sobre las lecturas me vino a la mente el proceso de vocación de cada uno de nosotros, de los frailes, de las religiosas, de los fieles en general. El llamado a la vocación que Dios nos hace a cada uno de nosotros, el llamado a la santidad, el llamado a dar testimonio de la presencia vida de nuestro Señor Jesucristo.

Unos hombres humildes, sencillos, pescadores. Un hombre grande, que proclama una buena nueva, Jesucristo, único entre el género humano por ser Dios; anunciador de buenas nuevas, de liberación, de misericordia, de amor. Francisco, hombre sencillo, de condición acomodada para su tiempo, pero de un corazón sencillo y humilde.

La Palabra de Dios siempre interpela al ser humano, le plantea el cuestionamiento de decir: ¿Quién soy yo?, ¿qué soy yo? y ¿para qué estoy en el mundo?

Después de haberles dado la pesca, nuestro Señor Jesucristo, les hace el llamado a los apóstoles, vengan y les haré pescadores de hombres. Son llamados, ellos inmediatamente dejan todo, renuncian. Renuncian a las comodidades, a la familia, a los parentescos, a su tierra.

Francisco interpela a sus amigos con su sola forma de ser, ellos se preguntan ¿qué es este hombre?, que saliendo del mundo se transforma y les muestra una nueva forma de vivir. Aquel que lo tenía todo lo deja todo por amor a Cristo, por seguir el Evangelio. Y sus amigos, Pedro y Bernardo, de condición rica se sienten interpelados por Francisco y se preguntan ¿para qué estamos en el mundo?, y la respuesta es sencilla: para dar testimonio de que Jesucristo está por encima de todas las cosas, de que Jesucristo nos ha llamado a un estilo de vida, a una vida de santidad.

Francisco duda un poco de cuál será la forma de vida de estos dos amigos suyos que acuden a él por consejo, pero se pregunta ¿qué dice Dios? ¿Qué quiere Dios de ustedes?, entonces acuden a la Palabra de Dios. esta Palabra que muestra el camino, que marca el sendero, que da las pautas para el seguimiento de Cristo. Fue la Palabra misma la que interpeló a Francisco y lo hizo tomar la decisión de seguir a Jesucristo pobre, humilde y crucificado.

La pregunta, hermanos y hermanas, es: ¿nosotros, que respuesta le hemos dado a Jesús cuando él nos habla en su Palabra? La respuesta no es inmediata, esta se refleja en las obras que realizamos en el diario caminar de nuestra vida. En el diario caminar de nuestra vida es donde se va a manifestar la vocación a la que hemos sido llamados: la santidad. Santificar nuestros hogares, santificar nuestros trabajos, santificar nuestra vocación personal como respuesta al Señor. Es el dar testimonio de que Dios está presente y actuante en este mundo.

Francisco nos interpela, Jesús nos llama, el Evangelio nos muestra por dónde debemos de caminar.

Pidamos a Dios, lleno de misericordia y bondad, que envíe su Espíritu Santo sobre nosotros para que podamos ser verdaderos discípulos de Él. Así como Francisco renunció a todo, dejo a su padre, su familia, y nombró a Dios como su Padre. Jesús nos ha dado la dignidad de hijos de Dios; por eso le llamamos Padre a Dios, para santificar su nombre, para santificarle y para hacer vivo el Reino de los Cielos en la tierra.

Que Dios nos ayude, hermanos y hermanas, a cumplir el mandato de nuestro Señor Jesucristo, la vocación a la santidad.

Fr. Enrique Flores Roque, ofm.

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