Hoy no supe

HOY NO SUPE

Hoy no supe qué hacer con este amasijo de palabras.
Se apretujaron en mi mente.
Subieron a mi garganta.
Reclamaban tener voz.
Querían vibrar en el aire.
Buscaban salir del anonimato y ser escuchadas.

Pero cuando se trata
como hoy
de expresar lo verdaderamente importante,
aquello que cuando se resquebraja se te derrumba la vida entera.
Cuando quieres decir eso que bulle en el corazón,
lo que nace desde el fondo mismo
de los entresijos del alma.

Te das cuenta que tus lágrimas son esa palabra que no logras articular
son ese grito para el que no existe distancia
ni pensamiento imposible de expresar.

Mírame así como estoy,
Andrajoso y sucio.
Sólo te pido
y te lo pido a ti
porque sólo tú sabes y entiendes de estas cosas.
Porque sólo tus limpios ojos pueden mirarme realmente como soy
y sólo tus manos puras pueden tocar mi miseria,
mi corazón y mis entrañas
sin sentir repugnancia ni falsa compasión
sin echarme en cara mi falta y mi pecado.
Porque el falso perdón es la peor de las sentencias.

Sólo te pido,
y te lo pido sólo a ti,
escucha mi silencio que te dice todo

¡Gracias Dios mío!
Gracias por abreviarte en esta nuestra carne y nuestra sangre
en nuestros dolores y nuestros sueños fugitivos,
en nuestras sonrisas francas y nuestras lágrimas amargas
en un pesebre,
en una cruz…
y en un sagrario.

Gracias, Dios Eterno,
por haber puesto toda tu majestad en una frágil tienda como la nuestra.

P. Fray Jorge Frausto, OFM

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