María en la Lumen Gentium

LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA, MADRE DE DIOS,
EN EL MISTERIO DE CRISTO Y DE LA IGLESIA

La Constitución Dogmática que lleva por nombre Lumen Gentium, fue promulgada por el Siervo de Dios Pablo VI el 21 de noviembre de 1964. Está compuesta de 8 capítulos, de los cuales, uno, el último, está dedicado a la Madre de Dios, de los números 52 al 69. Se subdivide en pequeños subtítulos, cinco, que irán explicando todo lo relacionado con nuestra Señora.

I. Introducción

El capítulo comienza en el no. 52 el cual nos dice que Dios, queriendo llevar a cabo la redención de los hombres, como dice San Pablo a los Gálatas, “envió a su Hijo nacido de una Mujer” (Ga 4, 4-5), el cual se encarnó de la Virgen María, como lo decimos en el Símbolo de nuestra fe. Por esta razón los fieles, unidos a la cabeza que es Cristo, deben venerar en primer lugar a nuestra Señora.

También la Lumen Gentium (LG) afirma que la Virgen María fue redimida de modo eminente que todas las demás creaturas por medio de los méritos de su Hijo, por lo que íntimamente está unida a Él. Y por este mismo hecho María, afirma la LG, es Hija predilecta del Padre y, además, es sagrario del Espíritu Santo, de modo que ella posee una gracia extraordinaria, muy superior a los demás vivientes y de las creaturas del cielo, es decir, ella está por sobre todos los santos y ángeles. Pero el hecho de que ella sea preservada de pecado y sea la Hija predilecta del Padre no hace que no esté fuera de los hijos de Adán, sino que está unida a ellos por la razón de que ella cooperó con su amor a que naciesen en la Iglesia los fieles, por lo que se le da otro título: miembro excelentísimo y enteramente singular de la Iglesia. Además Ella guía todos los fieles y los instruye ya que ella es el modelo acabado de la fe y de la caridad.

Pero el Concilio hace una puntualización muy oportuna. Había voces en la Iglesia que querían que se hiciera una Constitución Dogmática enteramente mariana y que se definiera otro dogma: la respuesta del concilio es que con este capítulo de la LG sólo quiere explicar la función que desempeñó la Virgen en el Misterio de Cristo sin tener la intención de proponer una doctrina mariana completa ni resolver cuestiones no muy claras aún, de modo que el Concilio deja abierto este tema y concede autorización a los teólogos y escuelas cristianas a que sigan profundizando sobre María Santísima.

II. Función de la Santísima Virgen en la economía de la salvación

Pasando al apartado segundo de la LG, se nos habla el papel que tuvo nuestra Señora en el llevarse a cabo la salvación. El número 55 nos explica cómo es que la Virgen María aparece no sólo en los escritos del NT, sino que también la encontramos en el AT, desde el AT podemos ver cómo María interviene en la economía de la salvación.

En el AT, dice la Constitución, se prepara la venida de Cristo al mundo. El Magisterio, a la luz de la Revelación, ve que en estos libros se va evidenciando progresivamente, poco a poco, la figura de una Mujer, que será la Madre del Redentor. Así, el Concilio proporciona textos que pueden interpretarse como Marianos: en primer lugar tenemos al Gen 3, 15 donde aparece de un modo profético María en la victoria sobre la serpiente. Otro de estos textos marianos reconocidos por la iglesia como tal del AT es Is 7, 14 donde ella es la Virgen que concebirá y dará a luz un Hijo. Ya en el NT con María se cumple la plenitud de los tiempos al tomar de ella la naturaleza humana el Hijo de Dios.

Pero María no estaba atada a esta vocación de ser la Madre de Dios, sino que la LG puntualiza que el Padre Eterno quiso que, antes que se llevara a cabo la encarnación de su Hijo, estuviera la aceptación de la que debería ser la Madre. María estaba adornada con absolutamente todo lo que necesitaba para desarrollar esta vocación para la cual Dios la eligió, por eso desde el primer instante de su concepción es limpia de pecado y el ángel lo confirma al llamarla “Llena de Gracia” y María le responde con su Fíat, que es la aceptación que ella hace de la vocación pedida por Dios.

Así María se convierte en la Madre de Cristo y se convierte en esclava de Dios. Por eso, siguiendo a los Santos Padres, no se puede decir que María fue instrumento pasivo de Dios, sino todo lo contrario, pues ella conscientemente acepta la misión que se le encomendaba y así, obedeciendo, “Fue causa de salvación para sí misma y para todo el mundo” dirá S. Ireneo, y así el nudo hecho por la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María.

Pero María no sólo figura o aparece solamente en el Nacimiento del Verbo, sino que también a lo largo de su ministerio en la tierra. Prueba de ellos es que Ella es la intercesora en el que será el primer milagro de Jesús en las bodas de Caná (Jn 2, 1-11). A lo largo de la predicación de su Hijo, Ella acogió las palabras de Él, de modo que Ella es la primera bienaventurada por escuchar y guardar la Palabra de Dios (Lc 2, 29 y 51). Vivió en unión con su Hijo hasta la Cruz (Jn 19, 25) sufriendo con su Hijo y consintiendo amorosamente en su inmolación, por eso volvemos a afirmar que no es un mero instrumento pasivo de Dios, pues aún después de la muerte de su Hijo, ella perseveraba en oración con los apóstoles (Hch 1, 14). Y, así, terminado el curso de su vida terrenal, limpia de pecado, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial.

III. La Santísima Virgen y la Iglesia

Posteriormente el documento nos habla, después de hablar de la vida de María, de la relación que Ella tiene con la Iglesia. La misión maternal de María no disminuye la mediación única de Cristo sino que demuestra su poder, pues todo lo que la Virgen hace a favor de la Iglesia es por divino beneplácito y de apoya en la mediación de Xto, de modo que fomenta la unión con Xto. Además, por cooperar a la obra del Salvador con obediencia, fe y esperanza, es nuestra Madre en el orden de la gracia según la LG.

Además, el documento señala que la Santísima Virgen no solo estando en este mundo estuvo intercediendo por la Iglesia, sino que ahora, estando asunta en los cielos, sigue intercediendo por nosotros y obteniéndonos los dones de la salvación eterna. Con amor cuida a toda la Iglesia hasta que cada uno de sus miembros esté en la Patria celestial, de modo que Ella está siempre cuidando y vigilando al Cuerpo Místico de la Iglesia, por eso es nuestra Abogada y Auxiliadora sin dejar de lado a Cristo como único mediador.

Por lo anterior, podemos concluir que indudablemente María está unida a la Iglesia, es su Madre, según S. Ambrosio, en orden de la fe y de la caridad y en el misterio de la Iglesia, María es el ejemplo claro tanto de Virgen (al permanecer toda su vida sin conocer varón) como de Madre (por ser la gran educadora de Jesús).

También el documento hace una comparación entre María y la Iglesia. Nos dice que la Iglesia es Madre cuando acepta la Palabra de Dios con fidelidad pues por la predicación y el bautismo engendra hijos. Y, al igual que María, la Iglesia es virgen que guarda la fe prometida al Esposo y conserva una fe virginalmente íntegra. La Iglesia ha alcanzado en María su perfección y a ejemplo de Ella, la Iglesia se hace más semejante a su excelso modelo progresando continuamente en la fe, la esperanza y la caridad.

IV. El culto de la Santísima Virgen en la Iglesia

Posteriormente, el documento, como llevando por orden las cosas, pasa a otro punto que es el culto a la Santísima Virgen en la Iglesia. Al respecto nos dice que, después de Cristo, María tiene un culto especial, lo cual está en consonancia por lo dicho anteriormente de que María tiene un lugar más especial que cualquier ser. Además, por ser la Madre de Dios, desde el Concilio de Éfeso se ha crecido en amor y veneración hacia María, pero no sólo eso, sino que también en la práctica mediante la imitación.

Además nos dice algo muy importante: que este culto de María no debe opacar el culto y adoración a Jesucristo sino que, al contrario, una característica esencial del culto Mariano es que lleve a Jesucristo y así Él sea glorificado y conocido. Todo esto dentro de los límites de la sana doctrina de la Iglesia.

En base a lo anterior, viene la invitación del Concilio a que en la Iglesia se propague esta devoción a la Virgen, de manera especial en el campo litúrgico, los ejercicios de piedad y que observen lo decretado por el Magisterio en los tiempos pasados respecto a las imágenes. También da consejos a los teólogos a que, cuando prediquen de María, no sean exageradas sus palabras ni tampoco mezquinas y que tengan por fin a Cristo. Finalmente, recuerda a los fieles que la verdadera devoción a la Virgen procede de una fe auténtica, no de un sentimentalismo estéril.

V. María, signo de esperanza cierta y de consuelo para el Pueblo peregrinante de Dios

Para finalizar tanto el documento de la LG como el capítulo dedicado a María, se nos habla de que María es signo de esperanza y de consuelo para el pueblo de Dios. María es imagen y principio de la Iglesia que habrá en la vida futura y con su luz precede al Pueblo de Dios que aún peregrina en este mundo por lo que es signo de esperanza para nosotros y es una guía segura.

Termina la Constitución diciendo que es de grande gozo que algunos hermanos separados tengan una especial devoción a María Santísima, como los orientales, que sabemos que tienen una gran devoción a María y la exaltan mucho en su Liturgia. Y hace el Concilio la petición de que se pida a María que todos los pueblos lleguen a reunirse felizmente en un solo pueblo de Dios, es decir, que María ayude a la Iglesia en su camino en el ecumenismo.

Fr. Jorge A. García C. OFM.

Fuente de Referencia:
CONFERENCIA Episcopal Española, Constitución Dogmática Lumen Gentium in Concilio Ecuménico Vaticano II, BAC,  Madrid, 2004.

Escríbenos en:
stanthonysseminary.org

Visítanos en:
stanthonysseminary.org

Comments are closed