Teología de la Vocación

TEOLOGÍA DE LA VOCACIÓN

a) El hombre de nuestros días tiende a pensar que la fe cristiana, al afirmar la radical dependencia de toda criatura en relación al Creador, empequeñece o esclaviza al hombre. Por el contrario, la más pura tradición cristiana afirma que la gloria de Dios es el hombre que vive, crece y llega a su plenitud.

Juan Pablo II reafirma que el hombre ha sido querido por Dios, elegido eternamente, llamado, destinado a la gracia y a la gloria. Cuando habla del hombre, se refiere al hombre concreto, histórico, real. A este hombre lo conducen todos los caminos de la Iglesia, porque ella cree en el hombre. Desde su fe, la Iglesia afirma, incansablemente, que el hombre ha sido creado por Dios y está destinado a la eterna comunión con su Creador y Señor.

La Teología define al hombre como un ser capaz de Dios, oyente a la Palabra e interlocutor abierto y necesitado de la cercanía absoluta de Dios.

b) El hombre es llamado a crecer en el conocimiento y aceptación de sí mismo, a buscar y conocer la verdad, que le hace libre (Jn 8, 32), a caminar y vivir en autenticidad y a colaborar en la obra de la verdad. Toda la humanidad está llamada a alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios (Rm 8, 21). La experiencia enseña que no hay verdadera libertad sin la humilde aceptación de las propias limitaciones, el amor, el respeto a la libertad ajena y reconocimiento de la verdad.

c) Creado a imagen y semejanza de Dios, el hombre es representante del Creador en esta tierra. Al hombre se le ha dotado de una dignidad superior que las demás cosas creadas. Mediante el trabajo el hombre transforma la naturaleza, pero también se realiza a sí mismo, pues se desarrolla e sus capacidades y potencialidades intelectuales, físicas, psíquicas y sociales. La doctrina social de la Iglesia afirma que el trabajo es para el hombre, no el hombre para el trabajo, colocando la dignidad del hombre por encima del trabajo.

d) El hombre y la mujer son llamados a convivir con los otros, estableciendo relaciones de igualdad, complementariedad y fraternidad. El hombre se autorrealiza verdaderamente cuando se entrega al bien de los demás. La capacidad de amar es característica del ser humano. La existencia de otros seres humanos es una llamada a tener una actitud de acogida, de responsabilidad y de servicio. En la medida en que el hombre vive de manera verdaderamente humana, realiza un proyecto de vida y crece en la medida de su entrega generosa.

e) El hombre es llamado a relacionarse con Dios, quien es su Creador y Señor, como un hijo se relaciona con su padre, con toda confianza y reverencia, con plena libertad como hijo. Sin la experiencia consciente o inconsciente del amor de Dios, el hombre no encuentra su plenitud humana, sino que se pierde en una angustiosa crisis de identidad. El hombre está llamado a una vida estrecha con Dios, en quien podrá encontrar su felicidad plena, su realización y desarrollo como persona en todas las áreas de su vida.

Cfr. RODRÍGUEZ Ángel Aparicio, CANALS Casas Joan, Diccionario Teológico de la Vida Consagrada,Publicaciones Claretianas, Madrid, 1989, pp. 1849-1852.

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