San Felipe de Jesús

SAN FELIPE DE JESÚS

Fiesta el 05 de Febrero

Mártir en Japón, clérigo de la Primera Orden (1574-1597). Canonizado por Pío IX el 08 de junio de 1862.

Felipe de Jesús, nació en México. Sus padres fueron Alfonso Las Casas y María Martínez. Era de carácter vivaz, indisciplinado, indócil y pendenciero. Se cuenta que su nana, una buena negra cristiana, al comprobar las diarias travesuras de Felipe, solía exclamar, con la mirada fija en una higuera seca que, en el fondo del jardín, levantaba a las nubes sus áridas ramas: “Antes la higuera seca reverdecerá, a que Felipillo llegue a ser Santo”…

Un buen día, dice a su madre: “He decidido hacerme franciscano”. Su mamá no le creyó semejantes palabras. Felipe le dijo entonces: “Tú te ríes, pero convéncete: pronto me verás vestido con el hábito franciscano”. Ese mismo año realizó dicho sueño, ingresó con los Hermanos Menores pero duró poco tiempo en el Noviciado y se volvió a su casa.

Cuando Felipe tenía 18 años de edad, sus padres lo enviaron a Manila, Filipinas, para que se dedicara al comercio. Pero allí siguió su estilo de vida de diversiones y despilfarros con sus amigos hasta quedar sin un céntimo. Al quedarse sin dinero sus amigos lo dejaron solo. Arrepentido por su actuar pidió perdón a Dios. En medio de aquel doloroso vacío volvió a oír la llamada de Cristo: ” Si quieres venir en pos de Mí, renuncia a ti mismo, toma tu cruz y sígueme” (Mt.16, 24); suplicó a los Hermanos Menores que lo admitieran nuevamente en la Orden.

Fue recibido entonces de nueva cuenta en la Orden. Se dedicó a la oración y a la penitencia y a la íntima unión con Dios en un grado edificante.

Sus padres, que habían seguido alegremente las buenas noticias de su hijo, pidieron a los superiores que permitieran a Felipe regresar a México para terminar sus estudios y ordenarse sacerdote. Dicha petición fue aceptada y Felipe se embarcó de Manila para México.

En el viaje se vio perfilarse del lado del Japón una gran cruz blanca, rodeada de viva luz, que luego se transformó en una cruz roja, hasta que una nube la ocultó. Entonces Felipe dijo: “Esta es la cruz que el Señor me reserva en el Japón”.

Poco más tarde se desencadenó una furiosa tempestad que obligó al capitán a buscar puerto en Japón. Entonces la nave fue capturada y los pasajeros fueron presos por los japoneses. Felipe fue enviado al convento de Osaka. Después fue enviado por san Pedro Bautista a Meaco para prepararse para el sacerdocio, pero el Señor lo preparaba para la cruz y la palma del martirio. Junto con sus cohermanos religiosos y hermanos terciarios, fue arrestado y condenado a muerte de cruz en la colina de Nagasaki.

El 3 de enero, estando ya presos, se les mutila el lóbulo inferior de la oreja izquierda como forma de “marcar” a los que iban a morir. Este último hecho lleva a Felipe de Jesús a exclamar: “Ya dimos la primera sangre; ya nadie nos quitará el gozo de darla toda por la fe”. Sus captores los crucificaron en una loma, la del Tateyama, que también era un trigal. La cruz de Felipe de Jesús fue la del centro, la trece, como queriendo otorgarle a este extranjero que no hablaba japonés y con sólo unos meses en el Japón, el lugar más importante no sólo del Tateyama sino del comienzo de la evangelización del Japón.

26 prisioneros sacrificados: -Seis Misioneros Franciscanos: había cuatro españoles, fray Pedro Bautista Blásquez, fray Martín de la Ascensión, fray Francisco Blanco, y fray Francisco de Miguel. Y con ellos, fray Gonzalo García, indio portugués, y fray Felipe de Jesús, mexicano. Tres Jesuitas: Pablo Miki, un japonés de familia de la alta clase social, hijo de un capitán del ejército y muy buen predicador; Juan de Goto y Santiago Kisai, (dos hermanos coadjutores jesuitas).

16 Cristianos Japoneses que eran catequistas y se habían hecho terciarios franciscanos. Entre ellos: un soldado: Cayo Francisco; un médico: Francisco (de Miako); Buenaventura y Matías (de Miako); Tomás Danki (de Ize); un enfermero: Juan Kisaka o Kinoia; Cosme y Máximo Takeya (padre e hijo); Joaquín Sakakibara, Pablo Suzuki, y tres muchachos de trece años que ayudaban a misa a los sacerdotes: Luis Ibarki, Antonio Deyman (de Nagazaki) y Tomás Kasaky, cuyo padre fue también martirizado. -Un Coreano: León Karasuma.

Felipillo, Felipe de las Casas Martínez, se abrazó a la cruz de la cual fue colgado, suspendido mediante cinco argollas, pero las de sus tobillos estaban mal ajustadas, y sus pies resbalaron repentinamente del pedal de la cruz, quedando su garganta oprimida por el aro de acero puesto en su cuello.

Ahogándose, moviendo desesperadamente la cabeza, sólo pudo decir sus últimas palabras: “Jesús, Jesús, Jesús”. A sus gritos corrieron los soldados y mirándole en agonía rematan al mártir clavando sus lanzas: dos lanzas atravesaron sus costados, una el costado derecho y otra en el corazón, y cruzándose en el pecho, salieron por sus hombros. Felipe de Jesús fue el primero en morir en medio de todos aquellos gloriosos mártires. Tenía 23 años de edad.

Era el 5 de febrero de 1597; muere el primer Santo Mexicano, San Felipe de Jesús, primer mártir del Japón, Mexicano Universal. Cuenta la leyenda que ese mismo día la higuera seca de la casa paterna reverdeció de pronto y dio fruto. “¡Felipillo es santo, Felipillo es santo!”, gritaba incrédula su nana en México al ver reverdecer la higuera muerta desde hace tiempo, mientras Felipe de Jesús cumplía con una misión, una misión grandiosa y que sin embargo pocos entendían en el lugar donde la llevaba a cabo.

Felipe de Jesús fue beatificado, juntamente con sus compañeros Mártires de Nagasaki, el 14 de septiembre de 1627, por el Papa Urbano VIII. El Beato Felipe de Jesús fue canonizado el 8 de junio de 1862 por el Beato Papa Pío IX, junto con sus 25 Compañeros Mártires de Nagasaki, Japón.

La Nación Mexicana declaró a San Felipe de Jesús su segundo Patrono, precedido, obviamente, por Santa María de Guadalupe. Y decretó el 5 de febrero como Fiesta Nacional. Sólo que el Congreso Constituyente en 1917, en esa fecha y en Querétaro, la hizo festividad en honor a la Carta Magna.

San Felipe de Jesús, el joven que supo convertirse hasta dar la vida por Cristo, ha sido declarado también Patrono de la Ciudad de México y de su Arzobispado.

Fuente: Cfr. FERRINI Fr. Giuliano OFM, Fr. José Guillermo Ramírez, OFM., Santos Franciscanos para cada día, Ed. Porziuncula, 2000.

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